domingo, 15 de noviembre de 2015

Ejercicios para la vista: las cuatro "B"

El optometrista Marc Grossman ha diseñado un programa de ejercicios que, combinados con la respiración y algunos estiramientos, ayudan a mejorar la agudeza visual. En personas con miopía, presbicia, astigmatismo, e incluso con problemas más graves, como degeneración macular, estos ejercicios, practicados con regularidad, han logrado incrementar su capacidad visual desde un 15 a un 75 %.

En un DVD muy pedagógico Marc Grossman ofrece un programa de ejercicios visuales junto con el instructor de yoga Daniel Orlansky. Hay cuatro básicos, que él llama las cuatro B, por sus siglas en inglés que voy a explicar aquí.

B de “breathing”, o respiración. Respirar bien es básico para oxigenar el cuerpo entero, pero recordemos que los ojos requieren de 25 veces más oxígeno que el resto de tejidos del cuerpo. Ojos y cerebro son auténticas aspiradoras de oxígeno: unas cuantas respiraciones profundas son aconsejables siempre. Hay que inspirar por la nariz, llenando bien la cavidad torácica y el abdomen, y espirar por la boca, vaciando al máximo los pulmones, sintiendo que el vientre se contrae y el pecho baja. Varias respiraciones profundas son la mejor manera de refrescarnos en cualquier momento de tensión y el mejor calentamiento para los ejercicios.

B de “blinking”. Es el parpadeo: se trata de parpadear repetidamente. Al abrir y cerrar el párpado, estamos lavando la superficie del ojo y dando un respiro a nuestra visión. Grossman aconseja detenernos a parpadear varias veces al día, y siempre que sintamos la visión irritada o cansada.

B de “brushing” o barrido. Se trata de aumentar la movilidad de los ojos, desplazando el foco de atención de un lado a otro. Hay dos maneras de mover los ojos. Con la cabeza inmóvil, haremos movimientos solo con los ojos, de arriba abajo, de un lado a otro y rotando. Podemos ayudarnos estirando un brazo y levantando el dedo pulgar. Entonces iremos moviendo el brazo de un lado a otro, de arriba abajo, en diagonal y haciendo círculos. Seguiremos el pulgar con la vista sin mover la cabeza; esto nos obligará a desplazar el ojo, activando sus músculos.

Ya tenemos los ojos oxigenados, lavados, ágiles con el movimiento de barrido… queda la última B, de “beaming”, o irradiar luz. Se trata de algo tan simple como sonreír. Sonreír, no solo con los labios, sino especialmente con los ojos. ¿Cómo se hace esto? ¡Simplemente pruébalo! Pon tu intención en la vista y sonríe con la mirada. La sonrisa es una terapia poderosa.

Respira, parpadea, mueve tus ojos, sonríe. En unos diez o quince minutos de ejercicios se nota la diferencia: además de un mayor bienestar y relajación, la vista realmente queda renovada y fortalecida. Si esto se practica con asiduidad, el Dr. Grossman asegura que se experimentan cambios asombrosos. La vista no es un sentido fijo, sino variable. La tensión o el cansancio pueden quitarnos agudeza visual en cuestión de horas. Descansar y hacer unos ejercicios nos puede devolver la nitidez en pocos minutos. Vale la pena conocer estos ejercicios y practicarlos. Como cualquier otra parte del cuerpo, nuestros ojos necesitan gimnasia, mimo y movimiento, más allá de los cuidados farmacológicos y quirúrgicos.

Esta es la página web del Dr. Grossman: http://www.naturaleyecare.com/
Y en este vídeo de tan sólo dos minutos muestra algunos ejercicios para vistas “empantalladas”:  https://youtu.be/W10j2fL0hy0

domingo, 25 de octubre de 2015

Nuevos fármacos para la degeneración macular

¿Lucentis en gotas?


La noticia ha salido publicada en varios medios y es prometedora (ver enlace). ¿Será posible un fármaco de efecto similar o aún mejor que el Lucentis, que evite o frene la degeneración macular, y que se pueda administrar el mismo paciente en casa, en forma de colirio?

¿Será posible acabar con el trauma de las inyecciones, que solucionan el problema de los derrames de sangre y líquido en el ojo, pero que a largo plazo pueden dañar los tejidos?

¿Será posible reducir los costos de este tratamiento, ahorrando el gasto del quirófano y ofreciendo un precio asequible a todos los pacientes?

Son muchas preguntas, y parece que las respuestas no tardarán en llegar… ¡y pueden ser positivas!

Un grupo de investigadores de la Universidad de Tufts (USA) y la de Tel Aviv probó una sustancia química en ratones, logrando dos efectos importantes: detiene el daño causado en la retina que dificulta la visión precisa y la percepción de los colores y, además, evita la formación de nuevos vasos sanguíneos, responsables de las exudaciones que provocan la distorsión visual.

Aunque el director del proyecto afirmó que se necesitan más ensayos, los resultados de este experimento son muy esperanzadores: «La terapia ideal es la que puede ser autoadministrada diariamente por los pacientes», dice.

En este otro enlace podéis ver la noticia publicada en inglés, por la Universidad de Tufts. Y aquí podéis ver el artículo entero, publicado en la revista científica Plos One.

Nuevos fármacos intravítreos, ¿menos inyecciones?


Los investigadores no paran, y el motivo es obvio. La degeneración macular afecta a millones de personas y, a medida que la población envejece, amenaza en convertirse en una epidemia de grandes dimensiones. Recordemos: la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es la primera causa de ceguera en los países desarrollados… y pronto lo será en los que están en vías de desarrollo.

Las inyecciones de Lucentis o Avastin, con su efecto inhibidor de la formación de nuevos vasos y sellador de los que ya existen, son por ahora la única solución accesible. Pero se están investigando opciones mejores.

Por un lado, se persigue mejorar el fármaco, puesto que la administración continua de los actuales remedios, a largo plazo, resulta tóxica para la retina. Por otro lado, se busca que el efecto del fármaco sea más duradero, reduciendo así la frecuencia de las inyecciones y el trauma para el paciente.

Un equipo de investigadores de Baltimore (USA), ha trabajado en desarrollar otra fórmula a base de doxorubicina de liberación lenta con nanopartículas de polietileno glicol y ácido sebaico, cuyo efecto es todavía más eficiente y, además, no causa toxicidad en la retina. El experimento con ratones y conejos ha dado un resultado bastante positivo: la sustancia probada no es tóxica y su eficacia es más prolongada. En este enlace se puede leer la reseña del ensayo.

domingo, 4 de octubre de 2015

Causas emocionales de patologías oculares

Todos sabemos que las emociones juegan un papel importantísimo en la salud. Un disgusto nos puede provocar un infarto; un estrés continuo estropea nuestro sistema digestivo; un impacto emocional puede provocar un accidente cardiovascular que afecte a nuestros ojos. Cada vez más médicos, e incluso oftalmólogos, lo reconocen y ven la relación entre la mente y el cuerpo.

Sí, las emociones afectan también a la vista. Desde la medicina china se ha estudiado a fondo el vínculo entre los diferentes tipos de emoción y los órganos del cuerpo. Según esta medicina, los impactos emocionales o un sentimiento crónico negativo, de tristeza o ira, pueden bloquear la energía vital o perturbar su flujo, provocando disfunciones. Una circulación anómala de energía interfiere con la circulación de la sangre y los fluidos, pudiendo deteriorar la función visual.

El estrés es un factor decisivo. En mi caso, además del riesgo que corría por mi hipertensión y colesterol, vivía bajo una constante tensión, de la que había llegado a ser inconsciente. Sin duda fue uno de los detonantes de mi accidente ocular.

La ira


La ira perturba el hígado y provoca una elevación de la energía, con calor corporal que sube y congestiona los ojos. Este calor puede cocer los vasos sanguíneos y las estructuras oculares, causando un grave daño tisular y una deficiente visión. La ira prolongada y la cólera pueden ser letales para una visión sana. Literalmente, uno puede quedarse «ciego de rabia».

El miedo


El miedo provoca una caída de la energía. La sangre y los fluidos descienden, dejando con insuficiente riego la parte superior del cuerpo. Al contrario que la ira, el miedo provoca una carencia nutricional al ojo. El miedo también agota la energía de los riñones. Cuando la energía del hígado y de los riñones disminuyen, pueden desarrollarse patologías como la degeneración macular.

La preocupación


La preocupación obsesiva provoca un nudo que atasca la energía. Preocuparse en exceso por el pasado y el futuro genera estrés, y un estrés crónico mina la energía y altera la circulación, pudiendo dañar la vista. Un buen antídoto de la preocupación es ocuparse. Dedicar un tiempo a ayudar a los demás puede reducir la ansiedad y las obsesiones. Convierte tu preocupación en optimismo, ¡es un gran ejercicio! ¡Suelta tus angustias!

Caos y exceso de estímulos


El caos, la sobreexcitación y el exceso de estímulos pueden interrumpir la circulación de la energía y la sangre del corazón. Cuando el corazón se debilita, poco a poco priva a los ojos de su nutrición vital.

Sustos


Los sustos dispersan e interrumpen el flujo normal de energía y sangre. Esta interrupción compromete la circulación y la nutrición de los ojos.

Tristeza y depresión


La tristeza y la depresión consumen energía. Y esto reduce la capacidad de regeneración de la persona. La tristeza y la depresión también pueden congestionar la energía de los pulmones, y esto a la larga puede provocar cataratas.

Los desequilibrios emocionales, en general, provocan un estancamiento de la energía e impiden que la sangre y los fluidos lleguen correctamente a los ojos. Las emociones forman parte de la naturaleza humana, pero cuando ciertas emociones persisten sin resolverse, van a surgir problemas físicos. No se trata de evitar las emociones, sino de experimentarlas, canalizarlas, aceptarlas con paz y seguir adelante.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Causas ambientales de patologías oculares

La medicina china, como hemos visto, considera la persona como una unidad, integrada y relacionada con su entorno. Por tanto, todo lo que ocurre en el cuerpo y en su exterior puede afectar a una parte del mismo, o a un órgano.

Nuestros ojos están conectados con el resto del cuerpo y también se abren al mundo exterior. Según la medicina china, hay varios factores ambientales que pueden afectar a la salud visual.

·       El calor intenso afecta al órgano corazón y produce inflamación, hinchazón, rojez y trastornos agudos.
·       El frío afecta a los riñones y da lugar a dolor y enfermedades crónicas y degenerativas, de progresión lenta.
·       El viento afecta al hígado, y puede provocar brotes súbitos y dolencias agudas.
·       La humedad debilita el bazo y el páncreas, y da lugar a mucosidades, edema y secreciones, de progresión lenta.
·       El exceso de sequía afecta a los pulmones, y sus consecuencias son la sequedad, picores y rojez.
·       El calor veraniego afecta a todos los órganos y puede producir inflamación con moco.

Cualquiera de estos factores puede afectar a los órganos del cuerpo y provocar una pérdida de visión. En los cambios de estación conviene tener cuidado y fortalecerse para poder afrontar las condiciones climáticas. Tan malo es pasar frío y humedad como sufrir un golpe de calor.

Alerta en verano


El verano es una época delicada para muchas personas, especialmente si son mayores y tienen la salud frágil. Conviene huir del sol en las horas de mediodía, evitar la exposición constante a la luz y al calor, combatir la sed y la deshidratación y evitar el calentamiento de la cabeza y la parte superior del cuerpo. Para ello es bueno cubrirse con gorras o sombreros, buscar la sombra, bañarse, beber agua y lubricar los ojos con colirios humectantes. Las gafas de sol son imprescindibles en horas de máxima radiación solar.

En verano hay otros factores ambientales que pueden afectar a la visión: el cloro de las piscinas es muy irritante, y los aires acondicionados pueden ser perjudiciales.

Otros factores son las luces fluorescentes, trabajar o leer con escasa luz, forzando la vista, y la prolongada exposición a pantallas, de ordenador o de otros dispositivos. Atención porque cada vez hay más personas enganchadas a estos, incluso niños. Fijar la vista mucho tiempo en un espacio pequeño puede provocar daños y disminución de la agudeza visual.

En verano también hay que vigilar con las comidas copiosas. Por costumbre, mucha gente se da atracones cuando viaja o está de vacaciones, pero es justamente cuando hay que comer más ligero. Las frutas y hortalizas del tiempo nos orientan: es la época de comer tomate, pepino, calabacín, gazpachos, frutas frescas como cereza, melocotón, pera, manzana, melón y sandía… Si ya con el calor “la sangre hierve”, con una comida grasa el cuerpo todavía se congestiona más. Se carga el hígado y la circulación se resiente, y esto afecta a los ojos, a corto o a largo plazo.

Los helados tienen trampa, porque aunque son fríos contienen muchísima grasa y azúcares, de manera que en el cuerpo resultan pesados de digerir y muy calóricos. Es mejor evitarlos. Los helados de agua, tipo polo, tampoco convienen porque un exceso de frío en la boca y en el estómago dificulta la digestión y da humedad insana al cuerpo.

La oftalmología occidental quizás no reconozca lo suficiente la influencia de los factores medioambientales en la vista. Pero no olvidemos que nuestros ojos están insertados en un cuerpo, y este cuerpo está en un entorno natural. Todo lo que ocurre afuera, afecta adentro. De la misma manera que un golpe de calor puede provocar un fallo cardíaco a una persona mayor, también puede causar una lesión ocular con pérdida de visión.

Es posible que mi recaída de este verano haya sido producida por el intenso calor que hemos tenido y por no haber tomado quizás medidas suficientes.

En otro capítulo hablaré de otro tipo de causas que pueden llevar a disfunciones visuales.

sábado, 8 de agosto de 2015

Una lección para aprender a ser paciente

Después de un año y medio todo iba de maravilla. Casi podría decir que mi visión se normalizaba. En mis actividades lectoras cada vez había más seguridad. Creía que estaba ganando la batalla cuando, a mediados de julio, un calor inclemente arreció por toda Cataluña. Acostumbrado a una visión más clara de golpe empecé a notar los síntomas que ya conocía bien: las líneas rectas se volvieron torcidas, comencé a ver formas distorsionadas y progresivamente fui perdiendo la capacidad lectora, mientras que veía el perímetro de los objetos cada vez más deformado. La inquietud se apoderó de mí y en seguida llamé a mi oftalmólogo para que me hiciera una revisión de urgencia. Me dio hora de inmediato, me hizo las pruebas pertinentes  ―campimetría, examen optométrico, OCT― y me dijo que volvía a haber actividad, no ya en la membrana neovascular, sino en la parte superior de la retina, fuera de la zona afectada por el trombo. Esta vez no se trataba de un neovaso; la fuga de líquido venía de otra parte. El efecto era el de siempre: visión borrosa, deformidades, aristas que se convierten en líneas onduladas… La solución fue una nueva inyección de Avastin, que me puso al día siguiente, como he contado ya.

Aunque no es doloroso, el impacto psicológico de esta distorsión es grande. Verlo todo torcido y deformado genera inquietud. Lo bello deja de serlo. Hay que estar muy fuerte anímicamente para que esta situación no te derrumbe y puedas mantener la serenidad interior. La única actitud sana es aliarte con el tiempo y esperar la recuperación, que a veces es más lenta de lo previsto.

La calma es necesaria para que el proceso curativo, físico, energético y emocional, siga su curso.  Apresurarse no ayuda a la recuperación. Todo cambio necesita tiempo y un entorno sereno, así como una fuerte templanza interior. Yo calculaba un tiempo más corto para que la inyección hiciera su efecto, pues otras veces el beneficio era casi inmediato. Pero esta vez los efectos se han retrasado, por tratarse de otra vena que de entrada no estaba afectada. Todo se ha ralentizado y, en mi impaciencia, he querido visitarme con la retinóloga de guardia en el ambulatorio, temiendo que mi problema fuera a peor. Ella me ha tranquilizado y me dice que todo es completamente normal y que tenga paciencia.

La prisa es enemiga de la recuperación. Al pasar tanto tiempo sin tener que pincharme me había olvidado de que todo órgano afectado por cualquier lesión tiene una enorme capacidad de autoregeneración. Pero requiere un tiempo necesario para que se produzca la mejoría. Correr es una adicción más fuerte de lo que creemos, no solo a nivel externo, de compromisos y responsabilidades, sino interiormente. Cuando no soportas la lentitud te sientes acelerado por dentro, das vueltas y no paras de correr y correr, buscando salidas. La prisa es una enemiga de la sanación. Quieres que todo ocurra de inmediato, ya, como si fueras el dueño del tiempo. Y el ritmo suave y lento es clave para volver a la normalidad. Los ojos no dejan de aleccionarme. Me hacen parar, ser más humilde, delicado y sereno. Me ayudan a pasar más tiempo conmigo mismo, rezando, reflexionando con calma el por qué de este nuevo tropiezo.

Mis ojos se están convirtiendo en mi maestro interior. ¡Cuánto tengo que aprender todavía! Mi corazón desea alcanzar la sabiduría y para ello quizás sean necesarias las lecciones dolorosas de este maestro del alma.

Agradezco el apoyo de las personas que están pendientes de la salud de mis ojos. Ellas rezan, me apoyan, me siguen en mi proceso y me ayudan con todo lo que pueden.  

domingo, 2 de agosto de 2015

Por qué es importante que corra la sangre

Esta semana pasada he tenido una pequeña recaída. Mi visión volvió a distorsionarse, ¡después de un año y medio sin tener que pincharme! Aunque la pérdida de visión era menor, acudí en seguida a mi oftalmólogo, el doctor Vivar, quien me visitó de urgencia y en seguida detectó lo que ocurría.

Esta vez, sin embargo, era algo diferente. No se trataba de la membrana neovascular que se había activado de nuevo, sino de un pequeño derrame de líquido desde otra vena, uno de los capilares normales que drenan la retina. ¿El motivo? Según me explicó el doctor, hay una presión del humor vítreo, el líquido que llena el ojo, sobre la retina. Esta presión estira los vasos sanguíneos y puede provocar fugas de fluido, como ha sucedido. Ahora bien, ¿por qué se produce esta tensión? El doctor se quedó pensativo y yo en seguida he comenzado a investigar por Internet, y seguiré buscando, pues quiero encontrar respuestas para poder prevenir y mejorar, si es posible.

De momento, la solución ha sido inyectarme de nuevo con Avastin. Al igual que las otras veces, la intervención del doctor Vivar ha sido sumamente delicada y precisa. El trato tan exquisito y la preparación, con un poco de sedación, hacen que el pinchazo no sea traumático en absoluto. Al estar tan relajado, el medicamento entra mejor, el ojo sufre menos y la eficacia del tratamiento es mayor.

Ya noto mejoría en la vista, aunque sigo viendo las líneas rectas torcidas, sobre todo cuando miro a distancia y en las horas de más luz. En cambio, con la luz suave del crepúsculo lo veo todo más recto. Y si es a distancia corta, mejor. No he dejado de leer con las letras grandes a las que estoy acostumbrado.

Recordando cómo empezó todo


Buscando por Internet, he releído una interesante entrada en el blog Ocularis, que explica muy bien por qué es importante tener una buena salud vascular para conservar la visión, y qué problemas se dan cuando la circulación falla en el ojo.

Voy a resumir un poco esta explicación tan clara, que creo que será muy útil para todos los lectores de este blog.

Mi problema, que es el de miles de personas con degeneración macular húmeda, comenzó con una oclusión de vena en la retina. Por tanto, el origen no está tanto en el ojo como en la circulación sanguínea.

Hay una serie de factores que acompañan a la mala circulación en general: hipertensión, tabaco, colesterol, sobrepeso, estrés… Las causas son casi siempre unos incorrectos hábitos de vida y alimentación. La consecuencia es que los vasos sanguíneos se endurecen y en la sangre se forman coágulos de placa, cúmulos que en un momento dado pueden obstruir un vaso formando trombos. Si la obstrucción se da en una arteria se produce una embolia; si se da en una vena se la llama trombosis. Esta obstrucción puede darse en la zona cardíaca, en el cerebro, en otras partes del cuerpo… o en la zona del ojo.

Recordemos que hay dos tipos de vasos sanguíneos: las arterias, que llevan alimento y oxígeno del corazón a los tejidos, y las venas, que recogen los residuos de los tejidos y llevan la sangre de regreso para que se limpie y se cargue de oxígeno y nutrientes. Por así decir, las arterias son el suministro de alimento y las venas son la recogida de desechos.

Si la oclusión se da en una arteria que irriga la retina, ¿qué ocurre? Que las células no reciben alimento ni oxígeno. La zona queda muerta, hay isquemia ―falta de oxígeno― y se pierde la visión. Además, como desaparece el intercambio entre la célula y su medio, el agua entra en el interior de las células y estas se hinchan, produciéndose un edema. No hay fugas de sangre, en principio. Resumiendo, la oclusión de arteria provoca isquemia y edema, sin hemorragia.

Si la oclusión ocurre en una vena entra sangre por las arterias, pero no puede salir por las venas. Se genera un atasco en el circuito y un aumento de presión. Al final, la sangre termina rompiendo los capilares y se produce la hemorragia y pérdida de líquidos. El medio intercelular, lleno de sangre y fluidos, se hincha y se forma también un edema. Y, como la sangre que entra por la arteria tampoco puede salir, al final también hay falta de oxígeno. En resumen, oclusión venosa conlleva sangrado, edema e isquemia.

Este fue el inicio de mi historia… y lo que a tantísimas personas les sucede. De ahí la importancia de que la sangre corra, limpia, rica y oxigenada, por unas venas y arterias flexibles, sanas y resistentes. El derrame ocular es un accidente brusco y alarmante, pero el problema se ha gestado mucho tiempo antes, en el sistema circulatorio. Hay soluciones de emergencia, como inyectar fármacos o aplicar láser para detener el sangrado y reparar el estropicio… Pero hay otra solución a largo plazo, que es la que debemos adoptar si no queremos empeorar y la que será crucial para prevenir otros accidentes en el futuro: mejorar la circulación sanguínea y purificar la sangre. Y esto se logra con cambios importantes en la forma de vivir, alimentarse y cuidarse. Es importante conocerse, reconocer tus límites y escuchar los mensajes de tu cuerpo. En este camino estoy desde hace ya nueve años.