domingo, 2 de agosto de 2015

Por qué es importante que corra la sangre

Esta semana pasada he tenido una pequeña recaída. Mi visión volvió a distorsionarse, ¡después de un año y medio sin tener que pincharme! Aunque la pérdida de visión era menor, acudí en seguida a mi oftalmólogo, el doctor Vivar, quien me visitó de urgencia y en seguida detectó lo que ocurría.

Esta vez, sin embargo, era algo diferente. No se trataba de la membrana neovascular que se había activado de nuevo, sino de un pequeño derrame de líquido desde otra vena, uno de los capilares normales que drenan la retina. ¿El motivo? Según me explicó el doctor, hay una presión del humor vítreo, el líquido que llena el ojo, sobre la retina. Esta presión estira los vasos sanguíneos y puede provocar fugas de fluido, como ha sucedido. Ahora bien, ¿por qué se produce esta tensión? El doctor se quedó pensativo y yo en seguida he comenzado a investigar por Internet, y seguiré buscando, pues quiero encontrar respuestas para poder prevenir y mejorar, si es posible.

De momento, la solución ha sido inyectarme de nuevo con Avastin. Al igual que las otras veces, la intervención del doctor Vivar ha sido sumamente delicada y precisa. El trato tan exquisito y la preparación, con un poco de sedación, hacen que el pinchazo no sea traumático en absoluto. Al estar tan relajado, el medicamento entra mejor, el ojo sufre menos y la eficacia del tratamiento es mayor.

Ya noto mejoría en la vista, aunque sigo viendo las líneas rectas torcidas, sobre todo cuando miro a distancia y en las horas de más luz. En cambio, con la luz suave del crepúsculo lo veo todo más recto. Y si es a distancia corta, mejor. No he dejado de leer con las letras grandes a las que estoy acostumbrado.

Recordando cómo empezó todo


Buscando por Internet, he releído una interesante entrada en el blog Ocularis, que explica muy bien por qué es importante tener una buena salud vascular para conservar la visión, y qué problemas se dan cuando la circulación falla en el ojo.

Voy a resumir un poco esta explicación tan clara, que creo que será muy útil para todos los lectores de este blog.

Mi problema, que es el de miles de personas con degeneración macular húmeda, comenzó con una oclusión de vena en la retina. Por tanto, el origen no está tanto en el ojo como en la circulación sanguínea.

Hay una serie de factores que acompañan a la mala circulación en general: hipertensión, tabaco, colesterol, sobrepeso, estrés… Las causas son casi siempre unos incorrectos hábitos de vida y alimentación. La consecuencia es que los vasos sanguíneos se endurecen y en la sangre se forman coágulos de placa, cúmulos que en un momento dado pueden obstruir un vaso formando trombos. Si la obstrucción se da en una arteria se produce una embolia; si se da en una vena se la llama trombosis. Esta obstrucción puede darse en la zona cardíaca, en el cerebro, en otras partes del cuerpo… o en la zona del ojo.

Recordemos que hay dos tipos de vasos sanguíneos: las arterias, que llevan alimento y oxígeno del corazón a los tejidos, y las venas, que recogen los residuos de los tejidos y llevan la sangre de regreso para que se limpie y se cargue de oxígeno y nutrientes. Por así decir, las arterias son el suministro de alimento y las venas son la recogida de desechos.

Si la oclusión se da en una arteria que irriga la retina, ¿qué ocurre? Que las células no reciben alimento ni oxígeno. La zona queda muerta, hay isquemia ―falta de oxígeno― y se pierde la visión. Además, como desaparece el intercambio entre la célula y su medio, el agua entra en el interior de las células y estas se hinchan, produciéndose un edema. No hay fugas de sangre, en principio. Resumiendo, la oclusión de arteria provoca isquemia y edema, sin hemorragia.

Si la oclusión ocurre en una vena entra sangre por las arterias, pero no puede salir por las venas. Se genera un atasco en el circuito y un aumento de presión. Al final, la sangre termina rompiendo los capilares y se produce la hemorragia y pérdida de líquidos. El medio intercelular, lleno de sangre y fluidos, se hincha y se forma también un edema. Y, como la sangre que entra por la arteria tampoco puede salir, al final también hay falta de oxígeno. En resumen, oclusión venosa conlleva sangrado, edema e isquemia.

Este fue el inicio de mi historia… y lo que a tantísimas personas les sucede. De ahí la importancia de que la sangre corra, limpia, rica y oxigenada, por unas venas y arterias flexibles, sanas y resistentes. El derrame ocular es un accidente brusco y alarmante, pero el problema se ha gestado mucho tiempo antes, en el sistema circulatorio. Hay soluciones de emergencia, como inyectar fármacos o aplicar láser para detener el sangrado y reparar el estropicio… Pero hay otra solución a largo plazo, que es la que debemos adoptar si no queremos empeorar y la que será crucial para prevenir otros accidentes en el futuro: mejorar la circulación sanguínea y purificar la sangre. Y esto se logra con cambios importantes en la forma de vivir, alimentarse y cuidarse. Es importante conocerse, reconocer tus límites y escuchar los mensajes de tu cuerpo. En este camino estoy desde hace ya nueve años.

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