domingo, 26 de enero de 2014

Tres pigmentos protectores

Las plantas, las algas y algunas bacterias poseen unos pigmentos para que la luz ultravioleta del sol no queme sus tejidos. Los más conocidos son la luteína y la zeaxantina. Estas sustancias, una vez ingeridas, nuestro cuerpo las puede transformar en retinol, también conocido como vitamina A. El retinol es un importante antioxidante y tiene funciones indispensables para el crecimiento y la regeneración de los tejidos. Muchos cosméticos, si os fijáis, llevan retinol.

En el cuerpo humano existe un único lugar donde se encuentran estos pigmentos: la mácula, el centro de la retina. Alrededor de la mácula están las células receptoras de luz; los pigmentos tienen una función protectora para el delicado tejido del ojo.

Por este motivo la investigación apunta hacia el hecho de que la toma de suplementos con luteína y zeaxantina puede proteger la salud ocular y prevenir dos terribles trastornos: las cataratas y la degeneración macular. Aunque faltan estudios científicos que lo corroboren de forma definitiva, ya existen muchos suplementos en el mercado, y muchos consumidores manifiestan una mejoría notable en su vista.

Por mi parte, desde que me propuse mejorar mi salud, tomo regularmente alimentos que llevan estos pigmentos. Son ricos en carotenos las verduras de hoja verde y las hortalizas y frutas de color amarillo intenso y naranja. Así, en mi dieta no faltan zanahorias, naranjas, calabaza, mandarinas, acelgas y espinacas. Además, he incorporado bayas goji y las llamadas bayas doradas, de Chile, unos frutitos de los Andes riquísimos en pro-vitamina A y C.

Pero en ocasiones, es necesario un aporte extra, ya que los vegetales, por su forma de cultivo intensiva y por el empobrecimiento del suelo, no tienen las cantidades de vitaminas y minerales que antiguamente solían tener. Algunos estudios señalan la diferencia entre las hortalizas de hoy y las de hace cincuenta años: quizás han ganado en aspecto, pero han perdido en sabor y calidad nutricional. Por esto se aconseja consumir, siempre que se pueda, verdura y fruta de proximidad y de cultivo orgánico o ecológico. Y reforzar la nutrición con suplementos que lleven estos ingredientes.

Concretamente, lo que estoy tomando ahora es un cocktail de vitaminas y minerales, enfocado a la mejora de todo el cuerpo pero especialmente a la nutrición del ojo. Se llama Eyemax Plus y aquí tenéis la descripción del producto.  Su fórmula contiene 33 vitaminas y minerales y ha sido elaborada por el oftalmólogo Dr. Gary Price Todd. Se basó en esta premisa: «No se puede separar la salud ocular de la salud del cuerpo entero. Lo que ayuda a tener unos ojos más sanos también ayuda a mantener el cuerpo más sano». Este suplemento, además, evita algunos aditivos cuya toma a largo plazo puede tener efectos indeseados, como edulcorantes, colorantes, levaduras, etc.

Recientemente se ha comercializado un tercer pigmento, la astaxantina, también protector de la radiación solar, del que se dice que tiene diez veces más propiedades antioxidantes que otros carotenos.

Finalmente, os recomiendo visitar este blog, de otra persona que también comparte sus conocimientos y experiencias en su lucha contra la degeneración macular.


domingo, 19 de enero de 2014

Limpieza interior

Quizás este título os sugiera algo sobre la espiritualidad o la psicología. Pues en este caso concreto no es así, aunque está muy relacionado, más de lo que creemos. Me refiero a la limpieza interior de nuestro cuerpo. Por lo general, todos somos conscientes de que hemos de mantener la higiene externa: nos duchamos, nos limpiamos los dientes, el pelo, la ropa. Nos perfumamos. Cuidamos la limpieza de nuestras casas y nuestro hábitat. Pero olvidamos a menudo la higiene interna de nuestra primera casa, que es el cuerpo.

Ya he hablado de la importancia de una salud global: si todo el cuerpo mejora, la vista también mejora, y mucho. Ahora bien, ¡cómo nos cuesta mantener esta limpieza interna! El cuerpo ya tiene mecanismos naturales de auto-higiene: todo el sistema excretor, los intestinos, los riñones, las células de la piel, los pulmones… Lo que ocurre es que, a veces, lo sobrecargamos tanto, que creamos una saturación de residuos tóxicos que no se acaban de eliminar y se acumulan, además de agotar las energías del cuerpo.

Todo empieza en el momento en que decidimos qué nos metemos en la boca, cómo lo preparamos y cómo lo ingerimos. Porque la primera norma de la limpieza es no ensuciar, y esto, en términos biológicos, quiere decir no comer cosas que, de entrada, contaminan nuestro cuerpo y nos alimentan poco o nada.

Desde que nuestra civilización se ha industrializado, también la comida se ha convertido en un producto industrial. Ingerimos enormes cantidades de alimento no natural, es decir, procesado, adulterado y privado de sus nutrientes básicos. Además, para su conservación se le añaden muchos aditivos que no alimentan y, a largo plazo, producen efectos secundarios graves en el organismo. Son los azúcares, sales, conservantes artificiales, colorantes, etc. Los médicos y las organizaciones sanitarias ya han comprobado cómo la ingesta de tanta comida artificial genera auténticas pandemias: desde la obesidad hasta dolencias crónicas como la hipertensión, la artritis, problemas cardiovasculares, cánceres, enfermedades neurológicas… Cada vez se están descubriendo más relaciones entre estas patologías y el estilo de vida y alimentación. En países en vías de desarrollo, aunque es cierto que en algunas zonas se pasa hambre, por desgracia, apenas se dan estas dolencias que, en Occidente, adquieren proporciones gigantescas.

¿Qué ocurre con la comida industrial? Que no solo es barata, sino adictiva. Las grasas y los azúcares, con los aromas que les ponen, generan una dependencia terrible, de la cual la mayoría de personas son inconscientes. La dependencia del azúcar y las harinas refinadas puede ser tan grave como la de una droga dura. Y si no, probad a pasar una semana sin pan y sin azúcar. Veréis cómo os cuesta y sentís que “el cuerpo os lo pide”, porque el cerebro ya está condicionado a nutrirse de estas sustancias. Y como proporcionan energía rápida y un bienestar momentáneo, igual que las mejores drogas, parece que las necesitamos. Por otra parte, la publicidad de las casas fabricantes es agresiva y descarada: no deja de insistir en los supuestos beneficios de muchos de estos productos, incluso los destinados a los niños. Detrás de toda esta publicidad solo hay un enorme afán de lucro, no se piensa en la salud de las personas, sino en que se enganchen y sean consumidores de por vida de lácteos, bollería, pizzas, bebidas gaseosas, etc.

El consumo regular de esta comida ―que llena, pero no alimenta― ensucia el cuerpo por dentro y lo va deteriorando. Los azúcares que no quemamos por nuestra vida sedentaria se acumulan en el cuerpo en forma de grasa. La grasa va cubriendo los órganos vitales y circulando por el torrente sanguíneo, donde se deposita en las paredes arteriales o bien puede formar los letales trombos. Cuando la sangre no circula bien limpia y fluida, ¿qué ocurre? Los nutrientes y el oxígeno no llegan bien a las células. Por tanto las células quedan desnutridas, se deterioran y mueren. El medio intercelular, que es donde se produce la alimentación y excreción celular, se llena de sustancias químicamente ácidas. Y este medio ácido contribuye a la degeneración de las células y a la aparición de tumores. Además, es un caldo de cultivo para las bacterias. Finalmente, el cuerpo se enferma y los síntomas aparecen en las zonas u órganos que cada persona tiene más vulnerables.

Muchos pacientes de cáncer han logrado recuperarse limpiando su sangre mediante un cambio radical de dieta. Así lo explica la Dra. Odile en su libro Mis recetas anticáncer, y el Dr. Hiromi Shinya en su libro La enzima prodigiosa. Personalmente, he conocido a varias personas que han pasado estos procesos, incluso desahuciadas por los médicos. Cuando un doctor no te dice que la alimentación es fundamental para tu recuperación, de cualquier enfermedad, está negando una parte importantísima de la salud. Ya sea por ignorancia, por orgullo o por interés.

Para poder limpiarnos por dentro, hay dos cosas básicas: la primera, dejar de ensuciar, es decir, ingerir alimentos sanos, vivos y limpios. La segunda, seguir alguna terapia desintoxicante, como la jugoterapia de la que hablé. Hay otras, como la limpieza de colon, la de hígado, la de riñones, de las que hablaré más adelante. Siempre deben hacerse con supervisión médica.

Y, por último, cuando se limpia el cuerpo por dentro, la idea es mantenerlo. Se trata de un cambio de hábitos definitivo, para toda la vida. Es increíble la cantidad de pequeñas dolencias, trastornos y enfermedades que pueden desaparecer espontáneamente solo consiguiendo una sangre limpia y llevando un estilo de vida sano. Incluso emocionalmente nos ayuda a estar más serenos, más lúcidos y menos ansiosos. Por eso el concepto de limpieza interior física está tan ligado al bienestar emocional y espiritual.

Otro día hablaré con más detalles de los alimentos sanos, vivos y limpios, que alcalinizan el medio corporal, y de cómo ingerirlos. De momento, os invito a ver la presentación Ácido-Alcalino que encontraréis en la columna derecha de este blog. ¡Os dará muchas pistas!

domingo, 5 de enero de 2014

Beber vida

En otras entradas he hablado de la importancia de la alimentación para la vista. Y de cómo cambiar los hábitos alimentarios constituye una auténtica conversión. Cuando se da este cambio, la mejora es sustancial y sorprendente. Nuestro cuerpo está diseñado para vivir sano y responde de inmediato a cualquier cambio positivo en lo que comemos.

Hace unos meses conocí lo que se llama jugoterapia, o terapia con jugos. Se trata de seguir, durante un tiempo prudencial, una dieta a base de zumos vegetales recién hechos. Estas dietas no deben prolongarse más de quince días, según los expertos, pero son muy beneficiosas por los efectos que producen en el cuerpo:

·       Desintoxican de las sustancias acumuladas durante años, que se depositan en los intestinos y en el hígado, y van a parar a la sangre y a las células. Estas toxinas provienen de una alimentación excesiva e inadecuada, con aditivos propios de la comida procesada, químicos procedentes de los cultivos, contaminantes, etc. El estrés también intoxica el cuerpo, pues impide hacer una correcta digestión de los nutrientes. Lo que no se digiere bien no alimenta y contamina la sangre con gases, compuestos que ralentizan el metabolismo celular, etc. La terapia de jugos ayuda a eliminar toda esta suciedad interna acumulada.

·       Alimentan: un jugo natural, de frutas y vegetales, recién exprimido y tomado de inmediato es una bomba vitamínica, de minerales, enzimas, agua orgánica… Como está líquido, pasa muy poco tiempo en el estómago y va directo al intestino delgado. De allí los nutrientes son absorbidos y llegan a la sangre y esta los lleva a las células. Lejos de ser un alimento pobre, los jugos naturales son un super-alimento que puede  paliar muchas carencias nutricionales. No es lo mismo alimentarse que comer. Podemos llenarnos de mucha comida basura, engordar y al mismo tiempo padecer anemia y desnutrición, algo común en no pocos obesos.

·       Regeneran. Al limpiar por un lado y nutrir por otro, los jugos ayudan a regenerar las células y los tejidos del cuerpo. Esto resulta en un mayor bienestar, un mejor funcionamiento y un aspecto lozano de la piel. En pocos días se notan diferencias.

Este verano seguí la jugoterapia con resultados muy buenos. No pasé hambre. Me sentí ágil, muy lúcido mentalmente, sano y despejado. Muchas personas me han preguntado el por qué de mi mejor aspecto. Este es el secreto: jugos naturales y muchas frutas. A ser posible, de cultivo ecológico.

Antes de iniciar una terapia así conviene asesorarse con un terapeuta nutricional y seguir su orientación. Los jugos deben ser abundantes y variados, mejor de frutas y hortalizas del tiempo. Aquí tenéis un ejemplo de lo que se puede tomar al día:
  • Mañana: jugo con apio, limón y frutas del tiempo, las que se quieran. Si se le añade piña, melocotón, uva, pera, fresas u otras dulces, queda delicioso.
  • Mediodía: jugo tipo gazpacho, con hortalizas y verduras de hoja verde, que no falten (tomate, cebolla, lechuga, ajo, pimiento, zanahoria, apio, etc.)
  • Tarde-noche: jugos dulces con frutas variadas.

Podéis pensar que estas mezclas son un poco extrañas. No se recomiendan en comida sólida, pero el jugo, como se le ha extraído la fibra, admite combinaciones muy originales y sabrosas. Por ejemplo, a mí me gusta poner siempre apio a los jugos, por su poder alcalinizante, y a menudo limón. A partir de aquí, añado lo que tenga a mano, y lo que sea del tiempo. ¡Creatividad! Por internet encontraréis mucha información y recetas riquísimas.

Explicación de la jugoterapia:
Jugos curativos:

Tengo que añadir que algunos médicos, como el Doctor Gerson, creador de la terapia Gerson, se basan en la jugoterapia para tratar cánceres y otras enfermedades de difícil curación, con mucho éxito.

Se aconseja hacer esta cura dos veces al año, en primavera y en otoño, que son las épocas de cambio de tiempo, cuando el cuerpo necesita limpieza y mantenimiento para afrontar la siguiente estación. En mi caso, después de los 15 días de jugo he continuado haciéndome zumos regularmente, solo por las mañanas y a días alternos.

Es verdad que supone una inversión: en frutas buenas y en una juguera. Las licuadoras comerciales no pueden extraer jugo con la misma calidad que una juguera de baja velocidad, que funciona como una prensa, sin cortar a cuchilla los vegetales y sin oxidarlos. Los jugos obtenidos así son mucho más densos y nutritivos. Basta comparar la textura, el sabor y el color entre unos y otros. 

Si alguien está interesado, tengo unos amigos en Besalú, cuya empresa vende estas máquinas y las envía a domicilio. Además, ellos comercializan alimentos orgánicos de gran calidad. Este es el enlace:  http://www.mundoarcoiris.com/

Finalmente, me diréis, ¿esto qué tiene que ver con la vista? Mucho. Los nutrientes frescos llegan directos a los capilares sanguíneos y a las células del ojo. Y ya comenté en otra entrada que el ojo necesita 20 veces más oxígeno que el cerebro y muchos nutrientes contenidos en las frutas: vitaminas y minerales. Personalmente, he notado una mejora desde el verano hasta ahora. Lo más llamativo: claridad en la visión y mayor intensidad en la percepción de los colores. A todos, incluso a los que estéis bien, como medida preventiva y para dar un salto cualitativo a vuestra salud, os animo a que lo probéis.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Somos energía

En este largo camino de recuperar la visión he aprendido mucho sobre la salud humana y también sobre cómo funciona nuestro cuerpo. Me he abierto a visiones de la medicina más amplias que la tradicional en Occidente, que hoy se basa en dos pilares: los medicamentos y la cirugía. Siendo estos muy importantes y a veces necesarios, ignoran otros aspectos sobre la constitución del ser humano y su salud.

La práctica médica en Occidente, en los últimos siglos, se ha centrado en la parte química y biológica, es decir, el cuerpo material, los órganos, los tejidos y las células. Los avances de la ciencia y la industria farmacéutica han contribuido a este enfoque. Hoy, cuando una persona va al médico, casi siempre espera que le recete algún fármaco. En casos de gravedad, hay que pasar por el quirófano. Y en casos de enfermedades como el cáncer, someterse a terapias prolongadas y agresivas con muchos efectos secundarios. Porque no olvidemos que todo medicamento, de entrada, es un tóxico ajeno al cuerpo humano y nunca es inocuo.

En Oriente, la medicina, sin olvidar la parte química ―terapia a partir de hierbas y minerales―, ha explorado mucho más la dimensión energética del ser humano. En términos científicos diríamos que es una medicina más centrada en la física que en la química. Pero es que la dimensión física es fundamental. Si la biológica-química trata las células y tejidos, la física va al nivel atómico y subatómico. Es decir, que va a la constitución misma de la materia y también a la energía. Pues todo átomo se compone de materia y energía. Oriente ha incorporado los avances de la medicina occidental sin problema. Pero a Occidente, en cambio, le está costando incorporar la dimensión energética a las terapias. En algunos países ya hay más apertura, pero es difícil. Muchos médicos incluso ven con malos ojos esta medicina y tildan de charlatanes a quienes la practican.

Si somos materia y también energía, no basta explorar la parte biológica para buscar remedio a nuestras dolencias. A veces, un paciente está sano, orgánicamente, pero funcionalmente algo no va bien. Las pruebas médicas y los análisis no arrojan luz sobre su problema. ¿Qué ocurre? Quizás se está ignorando un bloqueo o un problema de origen energético, aparte de la dimensión emocional, que también influye mucho.

El cardiólogo catalán Manel Ballester descubrió esto y lo explica muy bien en una conferencia que se puede ver en este enlace:

Cada vez son más médicos los que reivindican una medicina holística, que contemple todas las dimensiones del ser humano ―física, energética, psicológica, espiritual― y todas las ramas de la medicina ―alopática, energética y otras alternativas―. Es cierto que en el campo de las terapias alternativas hay fraudes, ¡pero también los hay en la medicina convencional y en los productos farmacéuticos! Terapias como la acupuntura y la homeopatía, que en países como Alemania ya entran en la seguridad social, son serias y están avaladas por una práctica muy larga y por médicos competentes.

En mi caso concreto puedo contar mi experiencia con la acupuntura. Hace años padecía unas terribles migrañas, que me incapacitaban por completo durante horas. Me las quité definitivamente con varias sesiones de acupuntura. Me sorprendió cómo en pocos días dejaba de tener dolores. La acupuntura, como muchos sabréis, consiste en activar unos puntos del cuerpo por donde pasan líneas ―o meridianos― de energía. Activando un punto, se activan todos los órganos conectados con ese meridiano, y se facilita su desbloqueo y mejora funcional. La acupuntura se hace con pequeñas agujas de plata desechables y casi siempre el pinchazo es indoloro. Una variedad es la digitopuntura, donde la presión sobre los puntos clave se ejerce con los dedos.

¿Existe una acupuntura especial para mejorar la visión? Sí, existe, da buenos resultados y hay varios terapeutas que la practican y la enseñan. No se pincha en el ojo, que nadie se asuste, sino en zonas que activan la circulación y la energía del sistema ocular. Más adelante os explicaré con detalle, aún estoy estudiando y leyendo sobre el tema.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Liberando la coraza

APCI, terapia psico-corporal

Nuestro sistema muscular constituye una fuerte coraza. Por un lado nos sostiene y nos permite el movimiento, pero las tensiones continuas pueden acortar y endurecer la musculatura de manera que, con el tiempo, se producen dolores, contracturas y falta de movilidad. Nuestra coraza, tensa y bloqueada, puede convertirse en una prisión muy dolorosa.

Todos hemos sufrido o conocido a personas que padecen tendinitis, lumbalgias, dolores en las cervicales… Sabemos de muchas personas mayores impedidas de realizar muchos movimientos debido a la musculatura anquilosada y los huesos frágiles. Pero, además, hay un enorme desconocimiento sobre nuestra anatomía, no solo en las personas a pie de calle, sino entre la clase médica. La super-especialización hace que muy pocos profesionales de la salud tengan una visión global del cuerpo y algunos médicos desconocen en buena medida cómo funciona el sistema locomotor humano.

Además, el común de la gente tenemos ideas erróneas: pensamos que ir al gimnasio y machacarnos con pesas y ejercicios de musculación dará más tono a nuestro cuerpo y mejorará nuestra salud. Cuando, en realidad, lo que estamos haciendo es acortar las fibras musculares, desgastar las articulaciones y provocar una tensión excesiva al esqueleto. Las consecuencias, a medio y largo plazo, son lesiones, dolores, reducción de la movilidad, agarrotamiento y bloqueos. Perseguimos la salud y la belleza y conseguimos anquilosar nuestros cuerpos, castigando nuestra estructura ósea y muscular.

Entonces, ¿no hay que hacer ejercicio? Claro que sí. Podemos caminar, trotar, bailar, estirar… pero sin forzar movimientos ni posturas, respirando e incrementando el ritmo cardiovascular. Cuando nos movemos, trabajamos, jugamos, paseamos, ya estamos ejercitando todo nuestro cuerpo de forma natural.

Desde hace décadas una serie de terapeutas han descubierto que los músculos necesitan elasticidad y oxígeno para que el cuerpo esté bien sano y fuerte. Lo que hay que hacer es estirar y devolver al músculo su longitud y forma natural, deshaciendo los nudos y contracturas que, a veces, llevan años enquistados.

De la mano de una persona amiga conocí a Angel Bonet, un terapeuta que ha creado un método propio de trabajo psico-corporal, el método APCI. Se basa en la antigimnasia de Françoise Mézieres, en la terapia de Reich y en el análisis bio-energético de Alexander Lowen, aunando el aspecto físico y el psíquico. Una sesión con Angel Bonet ayuda a liberar las tensiones acumuladas durante años, a deshacer contracturas musculares y a revitalizar los músculos y los nervios, permitiendo que la sangre y la energía circulen mejor por todo el cuerpo.

Vi que esto podía ayudarme para mejorar el riego sanguíneo del cráneo, incluyendo el sistema ocular. Efectivamente, desde las primeras sesiones fui consciente de la enorme tensión que oprimía mi cuello y espalda. Mis músculos, decía Angel, parecían sogas de hierro. Un músculo contraído oprime nervios y huesos, y dificulta la circulación de la sangre. La terapia APCI, que voy siguiendo con regularidad, me ha ayudado mucho a liberar las tensiones musculares y emocionales y ha mejorado mi salud en general.

Angel es un profesional excelente: como persona, es culto e inquieto intelectualmente; mantenemos unas conversaciones muy profundas que enriquecen nuestra visión sobre la vida y la salud. De manera que, aparte del beneficio físico, he encontrado un beneficio emocional y espiritual, y he ganado un nuevo amigo.

Con esta terapia también he visto la importancia de tener más paz, de ser más flexible, de no preocuparme tanto ni de cargar con más problemas de la cuenta. He aprendido a conocer mejor mi cuerpo y la maravilla del sistema muscular que nos sostiene. Cuanto más sé, más me admiro de lo bien hecho que está el cuerpo humano y de lo importante que es cuidarlo. Con solo un poco de mimo, responde de inmediato. Nuestro cuerpo quiere estar sano y es muy agradecido.


Más información sobre el centro APCI: http://www.centroapci.com/inicio.html

domingo, 15 de diciembre de 2013

Silencio terapéutico

Cuando sufrí el trombo ocular, viendo que mi visión pendía de una fina cuerda, ansié estar solo para meditar sobre lo que me había ocurrido.

En una primera fase me pregunté por qué me había sucedido esto. Buscaba respuestas y ninguna me satisfacía. Al mismo tiempo, me torturaba un profundo sentimiento de culpa al pensar que podía perder la vista por no haber cuidado lo suficiente mi salud. Había saboreado hasta embriagarme el color del mar y del cielo, la belleza de la noche y de los paisajes. Ahora me veía limitado.

Poco a poco empecé a reconciliarme con mi nueva situación. Después de una profunda crisis aprendí a no martirizarme más. Tenía que extraer una enseñanza nueva de lo ocurrido. Fue una lección dura, pero necesaria para crecer. Dejé de preguntarme, aprendí a callar y a redescubrir el silencio.

Fue en la calma cuando vi que la solución del problema estaba en mí, como estuvo en mí la causa que lo originó. Así inicié el proceso de recuperación, desde el silencio. Es un camino con vaivenes, pero siempre ascendente. Desde el más hondo silencio de mi corazón, sin palabras, con la mirada más allá de mis limitaciones, empecé a confiar en la fuerza reparadora que tenía y fue así cuando llegué a darme cuenta de que, en la más profunda oscuridad se pueden ver destellos de esperanza que despuntan y empiezan a brillar en el horizonte.

Aconsejo a los que me seguís que no desestiméis el potente valor terapéutico del silencio. Con la mano tendida de los amigos que saben padecer también en silencio tu sufrimiento, se alcanza una especial sensibilidad para captar el valor de la salud, tanto física como espiritual.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Visión natural: el método Bates

Cuando leí el libro del Doctor Flint, Comer bien para ver mejor, ya supe que existía un método llamado Método Bates o Visión Natural, que consiste en entrenar y reeducar al ojo para que recupere su capacidad visual sin recurrir a la cirugía ni a las lentes. En Barcelona, busqué algún terapeuta que practicara esta disciplina, y así es como conocí a Andrea Buch, una de las seguidoras del método Bates en España.

Hablé con ella y quedamos para hacer varias sesiones. Después, podía seguir practicando en casa.

El método fue creado por el doctor William H. Bates, y se basa en lo siguiente. La visión borrosa no es tanto debida a un defecto del ojo como a una forma de utilizarlo, donde la psicología y los aspectos emocionales influyen mucho. Se puede reeducar el ojo, relajando y entrenando los músculos que lo rodean, con una serie de ejercicios muy sencillos y fáciles de aprender. Muchos problemas de claridad y enfoque visual son debidos a una tensión y acortamiento de la musculatura del ojo, a menudo causados por el estrés, nervios, miedos y angustias. Este método puede mejorar considerablemente la agudeza visual. Bates llegó a tratar a miles de pacientes, y recoge su experiencia en un libro: Visión perfecta sin gafas. El conocido escritor Aldous Huxley, que llegó a tener tan solo un 15 % de visión, logró recuperarla gracias a este sistema.

Como tantas terapias alternativas, este método chocó con la oftalmología tradicional. Aún hoy tiene detractores. Una terapia natural eficaz sin lentes y sin cirugía, evidentemente es una amenaza para ciertos negocios ―óptica, fabricantes de instrumentos quirúrgicos, etc.― y no todos los médicos están abiertos a tratamientos complementarios. Como toda terapia, no es una fórmula mágica. Pide una colaboración activa del paciente y constancia en los ejercicios. En mi caso, me fue bien para tomar conciencia del funcionamiento de mis ojos. Nunca había ejercitado los músculos que rodean el globo ocular, ni conocía la necesidad de relajarlos, moverlos, oxigenarlos. Durante los intervalos en que mi edema macular estuvo bajo control, gané agudeza visual. En lo funcional, fue positivo. Pero mi problema, al ser orgánico, causado por un tejido inflamado con vasos sanguíneos frágiles, no se resolvió de esta manera.

Uno de los instrumentos de que se vale el método Visión Natural son las gafas reticulares o de rejilla. Con estas gafas se corrige la refracción, se estimula el movimiento del ojo y el enfoque. Llevarlas cada día unos cinco o diez minutos contribuye a mejorar la visión. Mi experiencia con las gafas reticulares fue sorprendente. Realmente funcionan mientras las llevas puestas. Por ejemplo, me van muy para ver la televisión, o cuando camino por la calle, para distinguir mejor letreros, detalles… Estas gafas son adecuadas para personas con problemas como miopía, astigmatismo, presbicia, donde la visión se ve alterada por deformación del cristalino o del globo ocular. Quienes las prescriben incluso las recomiendan como sustituto de las gafas de sol.