domingo, 28 de septiembre de 2014

Cómo vemos - Anatomía del ojo

¡Es el cerebro el que ve, no los ojos!

Los ojos no ven, es el cerebro el que ve. Los ojos son los órganos que recogen la información visual para el cerebro, de la misma manera que nuestras manos recogen información táctil que luego el cerebro interpreta. La mano y el ojo son inútiles sin sus conexiones con el cerebro.

Saber que el circuito completo, no solo los ojos, es responsable de nuestra visión, nos permitirá comprender mejor cómo funciona nuestro sistema visual.

Embriología del ojo

Tres semanas después de la concepción se empieza a formar el ojo. Después de siete semanas, el feto ya posee el globo ocular completo con sus diferentes capas de tejido cerebral. El ojo es una parte del cerebro ―en realidad, podríamos decir que es la única parte visible del cerebro desde el exterior―. Siete meses después de la concepción los párpados se abren dentro de la matriz. Los ojos continúan creciendo y cambiando mientras el bebé está en el útero y seguirán haciéndolo, de manera muy sutil, a lo largo de nuestras vidas.

El exterior del ojo

Las áreas auxiliares del ojo son la conjuntiva, o capa entre la córnea y el párpado. Las pestañas se conectan con los párpados. Las glándulas lacrimales producen fluido lacrimal segregado por los conductos lacrimales.

El globo ocular

Está envuelto en una capa, la esclerótica, que es la parte blanca que vemos parcialmente desde el exterior. Hay músculos externos conectados con ella que mueven el ojo de un lado a otro y de arriba abajo. El ojo descansa en un fluido graso que lo protege y facilita los movimientos.

En la región anterior del ojo, de afuera adentro, encontramos las tres capas de la córnea, el humor acuoso, la pupila ―agujero en medio del iris―, el iris ―la parte coloreada del ojo―. Dentro del iris encontramos la lente o cristalino, conectada por medio de diminutas fibras al cuerpo ciliar. La lente se mueve y cambia de forma en conexión con estas fibras musculares.

La región interna del ojo consiste en el humor vítreo ―el fluido transparente que llena el globo ocular―, la retina y la capa coroides, que la rodea.

Cuando la luz incide en nuestros ojos atraviesa muchas estructuras delicadas y fluidos. La primera es la córnea, después el humor acuoso, la pupila, la lente y todo el humor vítreo del globo, hasta llegar a la retina, donde se ubican la mácula y la fóvea central, que está situada en la parte posterior de la retina.

La retina

La retina, la parte interior del ojo, consiste en múltiples capas de foto receptores, llamados conos y bastones. Hay unos 137 millones de foto receptores en la retina, 130 millones de bastones y unos 7 millones de conos ―la proporción es de 95 a 5―. Estos foto receptores son estimulados por la luz. Están conectados al cerebro y cuando son activados transmiten la información lumínica al cerebro visual. Los foto receptores están concentrados en la fóvea central y en la mácula que la rodea; esta es el área responsable de la visión central. Los bastones solo se encuentran en el área periférica de la retina, en el borde de la mácula, siguiendo la llamada ora serrata, o borde serrado.

La visión posee cinco características: profundidad, color, movimiento, luz-oscuridad y forma, y todas ellas son procesadas en el córtex visual. Los conos son responsables de la resolución, la vista enfocada y la percepción del color. Los bastones son responsables de la visión nocturna y periférica.
Para que os hagáis una idea de lo sofisticado que es este sistema, los científicos todavía son incapaces de trasplantar la retina de un donante a un paciente. Se pueden trasplantar corazones, hígados, pulmones y riñones, incluso córneas. Pero conectar la retina con el cableado cerebral es algo que todavía no ha podido realizarse debido a la enorme cantidad de circuitos neuronales implicados.

Envolviendo la retina encontramos la capa coroides, que le aporta riego sanguíneo. La sangre fluye por la capa coroides hacia el cuerpo ciliar, responsable de la producción del humor acuoso.

Ya conocemos un poco mejor la anatomía de nuestro sistema visual. En una próxima entrada hablaremos de su funcionamiento y su conexión con el cerebro.
Fuente: Eyebody, libro de Peter Grunwald.

domingo, 21 de septiembre de 2014

El método Eyebody

El año pasado tuve la ocasión de conocer el método Eyebody (Cuerpo-Ojo), creado por Peter Grunwald. Me interesó tanto que compré el libro de su autor y lo leí. Aquí ofrezco un extracto de su introducción. Se trata de un método de trabajo consciente corporal que da resultados muy buenos en personas con déficit de visión.

Además, aporta ideas muy innovadoras e interesantes, como el hecho de que el cuerpo entero se refleja en el ojo y en el sistema visual completo. Por tanto, igual que en reflexología, activar ciertos puntos conlleva una mejor global de la salud.

Sobre el autor

Peter Grunwald llevó gafas durante 27 años, a causa de su miopía y astigmatismo. Su habla, postura y visión se deterioraban con el paso de los años y necesitaba lentes cada vez más gruesas. Todo cambió el día que comenzó a estudiar la Técnica Alexander, que le aportó mejoras posturales, verbales y mentales. Después de conocer el Método Bates para mejorar la visión, Peter se formó en Alemania con la prestigiosa instructora Janet Goodrich. Dieciocho meses después dejó de llevar gafas.

Fue entonces cuando Peter descubrió que los ojos están vinculados con las estructuras del cerebro que gobiernan el cuerpo humano, las emociones y la capacidad de pensar y razonar. En miles de talleres y sesiones de su consulta ha podido ver profundos cambios en el cerebro, el ojo y la coordinación corporal, así como en la visión, la postura, el equilibrio emocional y las funciones cerebrales.

Peter vive con su familia en Nueva Zelanda, donde tiene su consulta, y dirige seminarios por todo el mundo.

Cómo nace el método Eyebody

La técnica Alexander es un sistema de posturas y movimientos desarrollado por un australiano a finales del siglo XIX. Ayuda a mejorar la salud a través de un trabajo que implica toda la persona: la mente y el cuerpo.

El Método Bates es una técnica que ayuda a mejorar la visión de forma natural, mediante ejercicios de la musculatura ocular.

Peter Grunwald no solo sintetiza ambas técnicas, sino que las trasciende, creando un nuevo método de integración cuerpo-mente. El método Eyebody ofrece una manera de lograr la serenidad y percibir el mundo en 3D sin necesidad de un equipamiento sofisticado, simplemente utilizando el potencial mental y corporal de la persona.

La experiencia de Peter durante treinta años le ha llevado a perfeccionar una serie de prácticas somáticas, definidas como la relación entre cuerpo, pensamiento, creencias culturales, sentimientos individuales y voluntad. El centraje cuerpo-mente (BMC, BodyMind Centering) enfatiza la importancia de la anatomía experiencial: ser capaz de modificar la estructura anatómica mediante la mente. La optometría conductual sostiene que la visión puede cambiar así, y la experiencia de Peter con sus pacientes así lo demuestra.

Las imágenes tridimensionales son producidas en el cerebro, no en los ojos. Nuestro cerebro lo hace por nosotros, pero si elegimos pensar en este proceso de manera consciente, como Peter enseña, la visión adquire una tridimensionalidad extraordinaria y vívida.

lunes, 4 de agosto de 2014

La terapia del verde

Hace pocos días me encontré con un amigo que paseaba, como yo, por los parques de la Vila Olímpica. Me dijo que procuraba caminar cada día un buen rato bajo los árboles, ya que el verde de las hojas era muy terapéutico para la vista. Me interesó el tema y busqué por Internet. Es cierto que todos notamos un descanso, visual e incluso mental, cuando estamos en un entorno frondoso, en el campo o en un jardín. Pero me interesaba saber el por qué, conocer las bases científicas de este beneficio. Mirando varias páginas encontré explicaciones muy interesantes que voy a intentar resumir aquí.

La retina, en el fondo del ojo, recibe los estímulos luminosos del exterior. Sus células nerviosas ―conos y bastones― envían la información de luz, colores y formas al nervio óptico. Este la lleva al cerebro, donde se procesa y se compone la imagen que se está viendo. Pues bien, el tipo de luz que se recibe puede tener efectos beneficiosos para la visión. La llamada fototerapia optométrica Syntonic devuelve el equilibrio a una visión deficiente, tal como han comprobado los optometristas que la practican.

¿En qué consiste la terapia? El optometrista proyecta sobre la retina un haz de luz de color. Cada color posee una longitud de onda, una frecuencia vibratoria distinta que penetra en la retina y en la red de capilares que la sustentan. Para cada color hay diferentes receptores y cada color provoca una respuesta única. Por ejemplo, la luz azul-verde se utiliza para tratar deficiencias visuales causadas por una lesión, infección o trauma. La luz azul-verde reduce la inflamación de la retina y el área cortical.
Para enfermedades crónicas del ojo se utiliza la luz amarillo-verde, que estabiliza la fisiología ocular. Un ojo perezoso se puede beneficiar de la luz naranja-roja, que estimula el nervio óptico.

Ante la estimulación lumínica, el ojo reacciona y se va adaptando. Los músculos oculares y la microcirculación sanguínea se reactivan y la visión mejora. Esta terapia se aplica en varias sesiones durante unas veinte semanas. Es eficaz sobre todo para tratar problemas de reajuste: miopía, ambliopía, hipermetropía, ojo vago… También se ha demostrado útil para otros trastornos neurológicos y del aprendizaje.

Ahora ya comprendo por qué el verde descansa tanto la vista… ¡y la mente! Es la modalidad natural, al alcance de todos, de esta terapia basada en los colores y en la energía que desprenden. Por eso es tan recomendable salir de casa cada día y caminar al menos hasta el parque o espacio verde más cercano. Los que vivís en el campo o estáis de vacaciones en entornos rurales, ¡aprovechad! Un baño visual de verde sanador dará calidad a vuestra vista… y también a vuestra vida.

Encontraréis más información en estos enlaces:

domingo, 27 de julio de 2014

Mucho más que dulces

Casi todos sabemos que el cuerpo necesita tomar alimentos que contengan azúcares, grasas y proteínas. Nos han explicado que los azúcares son fuente de energía, las grasas también, además de formar algunas vitaminas, hormonas y tejido protector, y las proteínas son elementos de construcción, reparación y regulación.

Pues bien, desde hace décadas algunos científicos han venido desarrollando una nueva ciencia, la glicobiología, o ciencia de los azúcares, y han descubierto que algunos azúcares hacen mucho más que aportarnos combustible al cuerpo. Son vitales para desarrollar todos los procesos de nuestro metabolismo y para que las proteínas que operan en las células puedan desempeñar su función.

¿Cómo se ha descubierto esto? Estudiando a fondo el metabolismo celular. Así, ahora se sabe que existen varios carbohidratos que se asocian a ciertas proteínas y forman las llamadas glicoproteínas. Las glicoproteínas son unos filamentos, como cabellos finísimos, que se adhieren a la membrana de la célula y allí realizan tareas importantísimas, como facilitar la entrada de nutrientes a la célula, neutralizar amenazas de cuerpos extraños, regenerar tejidos, expulsar residuos, etc. Cada proteína contiene un mensaje o instrucción para realizar una función concreta, y el azúcar asociado es como el cartero que lleva ese mensaje al lugar apropiado dentro de la célula.

Pero, ¿qué azúcares son los que realizan esta importante tarea? Son ocho, llamados gliconutrientes o azúcares esenciales. Nuestro cuerpo no los produce, así que debemos tomarlos con la dieta. Y, como sucede con otros nutrientes, nuestro régimen habitual es muy desequilibrado y deficitario.

De los ocho gliconutrientes esenciales, hay dos que sí consumimos, en mucha cantidad: la glucosa y la galactosa. La glucosa está presente en todas las harinas y azúcares, así como en los alimentos vegetales. La galactosa está en la leche y los lácteos. Nuestro aporte de estos dos azúcares está asegurado, pero el problema es que el cuerpo necesita los ocho. ¿Qué ocurre con los seis restantes?

Los azúcares esenciales

Además de la glucosa y la galactosa, los otros seis azúcares que necesitamos son:
  • La fucosa, presente en la leche materna y en varias algas.
  • La manosa, se extrae del áloe vera y es muy importante para la prevención de infecciones y la regulación del sistema inmune.
  •  La xilosa, procedente del abedul (xilitol).
  • La N-Acetil Glucosamina, que ayuda a reparar los cartílagos y reduce los procesos de inflamación.
  • La N-Acetil Galactosamina, importante para la comunicación intercelular. 
  • El ácido N-Acetil neuramínico, involucrado en el desarrollo del cerebro y en la regulación del sistema inmune. También presente en la leche materna.

La agricultura intensiva y la industrialización de los alimentos, su recolección prematura y los largos periodos de envase y conservación hacen que nuestra dieta sea muy pobre en estos nutrientes esenciales. El cuerpo humano puede sintetizar los ocho azúcares a partir de la glucosa y la galactosa, pero el proceso requiere una enorme cantidad de energía, vitaminas, minerales y conversiones enzimáticas. Todo esto desgasta y quita fuerzas al cuerpo y provoca una caída del sistema inmunológico. Como consecuencia, el organismo no se regenera al ritmo adecuado ni puede responder a la presión del estrés y las toxinas que solemos ingerir o respirar.

De ahí que, además de cuidar lo que comemos, de tanto en tanto sea bueno tomar una tanda de suplementos que refuercen nuestro metabolismo. Sobre todo en épocas de trabajo intenso, estrés, enfermedad o carencia.

La empresa Mannatech es pionera en la investigación de los gliconutrientes y ha diseñado una serie de productos alimenticios que aportan estos azúcares esenciales, cuidando especialmente que su origen sea orgánico, de plantas vivas y cultivadas con medios ecológicos. De esta manera los nutrientes pueden ser asimilados de forma óptima.

Hay que tener cuidado con los suplementos. En el mercado existen muchos y de muchas marcas. Su calidad es variable. Muchos suplementos ofrecen aporte de minerales y vitaminas. Pero, ¿cuál es su origen? Pueden ser extraídos de minas, canteras, residuos o incluso del petróleo. No son asimilables por nuestro organismo y los excretamos por la orina tal como los ingerimos, de manera que son un gasto inútil y solo conseguimos sobrecargar nuestro hígado y nuestros riñónes. Por eso, aunque parezca muy quisquilloso, vale la pena leer la etiqueta y preguntar al farmacéutico o al encargado de la tienda de dietética para que nos informe bien, o bien informarnos nosotros sobre el origen y forma en que se presentan los suplementos. Si su origen está certificado como procedente de plantas y cultivos ecológicos tendremos la garantía de que esos elementos serán biodisponibles, es decir, asimilables por nuestro organismo, y harán su efecto.

Efectos positivos de tomar gliconutrientes

Los gliconutrientes son básicos para reforzar el sistema inmunitario y favorecer el metabolismo celular. Pueden reforzar el cuerpo a la hora de combatir infecciones, tumores, inflamaciones y procesos autoinmunes. Favorecen la regeneración de tejidos y células. Cuando el cuerpo funciona bien, también se tiene más energía y mejoran procesos como la digestión, la locomoción, y también la vista y los sentidos. En definitiva, contribuyen a la salud y al bienestar.

Varios grupos de científicos están sugiriendo que la investigación sobre los gliconutrientes supondrá toda una revolución no solo en el mundo de la dietética, sino en la industria farmacéutica. Muchos medicamentos podrían ser reemplazados por suplementos que aporten estos azúcares esenciales, ya que su presencia en nuestro cuerpo evitaría o paliaría numerosas patologías.

Podéis ver más información en este vídeo: http://youtu.be/PYwgkqogFDc
Oncólogo y pediatra Dr. Martí i Bosch habla sobre los gliconutrientes: http://youtu.be/nkq3npgWnMs 

domingo, 20 de julio de 2014

Últimos avances contra la degeneración macular

El 26 de junio, en el programa de Barcelona TV Terrícoles, fue entrevistado el Doctor Jordi Monés, un referente mundial en mácula y retina. El doctor explica que acudió a un congreso de farmacología ocular en Reykjavik, donde se expusieron los últimos avances en los tratamientos contra la degeneración macular. 

En este enlace podéis ver la entrevista completa. 

 Ahora voy a resumir algunos de los puntos más interesantes que ha comentado el Doctor Monés. En primer lugar, hay que saber que la degeneración macular es la primera causa de pérdida de visión y ceguera en Occidente. Se calcula que de las personas mayores de 75 años, un 6 % la sufren de forma grave, es decir, invalidante. Y un 30 % la sufren en mayor o menor grado. Estamos hablando de millones de personas que, en una etapa de su vida que, como dice el Doctor, se quiere más contemplativa, sufren una pérdida grave de visión y, por tanto, de calidad de vida. 

Hay dos tipos de degeneración macular, la seca y la húmeda. La seca, que es más rara, es la más grave, pues provoca ceguera y aún no existe un remedio definitivo. Los tratamientos que se están ensayando empiezan a dar resultados prometedores, pero están en fases muy iniciales. La degeneración macular húmeda, que es la que yo padezco, hasta el año 2005 era inexorable y también conducía a la ceguera. Pero a partir de esa fecha, se dio un salto cuántico en su tratamiento. Apareció una generación de fármacos antiangiogénicos, es decir, que frenan la proliferación de venitas y capilares, responsables de las exudaciones y distorsión visual. Estos fármacos, que se inyectan dentro del ojo, han sido la salvación para muchas personas, en las que me encuentro incluido. 

Pero se puede hacer más, como dice el Doctor Monés. Ahora mismo se están ensayando nuevos fármacos más eficaces que pueden no solo frenar, sino mejorar las condiciones de la retina. Estos fármacos están ya en las fases finales de experimentación con pacientes y es cuestión de unos pocos años que sean accesibles al amplio público. 

Todavía hay otras opciones, más revolucionarias y aún en fases muy iniciales. Son los implantes, ya sea de chips eléctricos o de células vivas que pueden regenerar la retina. Esta sería la meta más ambiciosa y deseada: la regeneración del tejido. 

Para entender un poco cómo funcionarían estos implantes, hay que saber que en la retina hay tres tipos de neuronas: las que captan la luz, las transmisoras, que enlazan los captadores de luz con las neuronas siguientes y las que conectan directamente las señales con el cerebro. La degeneración macular afecta a las primeras neuronas, y son estas las que se pueden regenerar o bien complementar con los implantes eléctricos. Aunque suene a ciencia ficción, como dice el Doctor Monés, es una realidad que veremos en un futuro no muy lejano. Esperamos que todas estas investigaciones sigan adelante y muchos pacientes podamos beneficiarnos de ellas.

 

domingo, 6 de julio de 2014

La dieta paleolítica

Hace aproximadamente un millón de años que el Homo sapiens camina sobre el planeta. En toda su historia, ha sido recolector y cazador y se ha alimentado de lo que encontraba en la naturaleza para sobrevivir. Solo en los últimos 10 000 años, a partir del nacimiento de la agricultura, se ha hecho sedentario y ha comenzado a alimentarse de granos, cereales, harinas y otros productos elaborados y cocinados. Diez mil años, en términos de evolución biológica, son muy poco, casi nada comparados con los restantes novecientos mil. Por eso sucede que el organismo humano no está totalmente adaptado para digerir y asimilar ciertos alimentos artificiales. Estos producen alteraciones en el funcionamiento digestivo y en los tejidos y órganos. Si los nutrientes forman moléculas muy grandes que el cuerpo no puede asimilar, la reacción del cuerpo es como ante una invasión de bacterias o virus: el sistema inmune se pone en marcha. Las células, previniendo una intoxicación, retienen agua y se hinchan. Así se produce un estado general de inflación y alerta en el cuerpo. Este estado, mantenido de forma continua durante mucho tiempo, consume mucha energía, acaba por deteriorar la salud y se manifiesta en diversos trastornos: malas digestiones, estreñimiento, gases, alergias, problemas de la piel, hipertensión, exceso de colesterol en sangre, edemas, insuficiencia renal…

Todo esto, ¡producido por la alimentación! De ahí que cada vez más médicos y nutricionistas señalen la dieta del hombre prehistórico como una alternativa para mejorar la salud. Lo que el hombre comía en su estado natural, como cualquier primate, es lo que realmente nuestro organismo está preparado para asimilar.

Los expertos en el tema también hablan de la dentadura y el aparato digestivo humano. Los dientes señalan muy bien qué clase de comida es la más adecuada para nosotros. Tenemos 8 incisivos, dientes planos y cortantes idóneos para cortar frutas. Después, tenemos 16 molares, para masticar y triturar fibras vegetales. Y finalmente tenemos solo 4 colmillos, y no muy afilados, para desgarrar carne de pequeños animales. En cuanto a nuestro sistema digestivo, tenemos un estómago de tamaño pequeño con ácidos y enzimas para digerir proteínas, grasas y azúcares y un intestino largo para digerir azúcares, grasas y, finalmente, procesar la fibra, que ayuda a mantener la flora intestinal y a retener el agua necesaria para la digestión.

Por tanto, los dientes y nuestros órganos digestivos nos indican el tipo de dieta natural para el ser humano: principalmente frutas, semillas que se puedan partir con las manos, tubérculos, raíces, vegetales de hoja y de tallos tiernos y, puntualmente, algo de proteína animal. No somos como los grandes carnívoros que desgarran animales crudos. En realidad, el hombre comenzó a comer carne cuando se desplazó a zonas frías donde había escasez de vegetales comestibles y tuvo que cazar, aprendió a dominar el fuego y gracias al asado pudo consumir carne más tierna. La cocción permitió que también la pudieran tomar niños y ancianos con dientes frágiles. En zonas marítimas o fluviales la fuente animal de proteínas fue el pescado, el marisco, los moluscos y, en las selvas, los gusanos e insectos.

A partir de la dentadura y nuestro sistema digestivo, los médicos expertos en el tema apuntan a que el 85 % de nuestra dieta debería ser de origen vegetal, incluyendo una buena parte de verduras y frutas crudas. El 15 % puede ser de origen animal, optando por las carnes, pescados y huevos (alimentos sin procesar). Los cereales deberían tomarse con mucha moderación ―no todo el mundo está bien preparado para digerirlos―. Y los lácteos quedarían eliminados, salvo el yogur porque es leche pre-digerida. Las harinas y los lácteos son causantes de las múltiples intolerancias que están surgiendo cada vez más al gluten y a otros productos.

¿Cuál es la dieta prehistórica? Justamente esta: la que incluye solo alimentos tal como los podemos encontrar en la naturaleza, es decir, animales y plantas. Lo preferible, siempre, es que tanto la carne como los vegetales sean de origen ecológico para evitar las intoxicaciones químicas.

Con esta dieta no hay problemas de carencias nutricionales ni de sobrepeso, porque no engorda. Puede incluso revertir los procesos de inflamación y diversas patologías causadas por los malos hábitos alimentarios.

Para animar y enriquecer esta dieta, podemos echar mano de las especias, las hierbas aromáticas y  el aceite de oliva virgen prensado en frío. Además, hierbas y especias tienen muchas propiedades de las que hablaremos en otras ocasiones.

Para la visión una dieta paleolítica moderada en carne es estupenda: aporta muchos antioxidantes y vitaminas A, C, E gracias a las verduras y frutas. Y minerales importantes para la vista, como el cinc, con los frutos secos, las hortalizas, los huevos, el pescado y la carne magra. Es especialmente indicada para personas con sobrepeso, pues seguirla adelgaza bastante rápidamente.

domingo, 22 de junio de 2014

La chispa de la vida

Hoy quiero hablaros de unas sustancias imprescindibles para nuestra vida y para el mantenimiento de una buena salud. Se trata de las enzimas.

Las enzimas son moléculas proteicas que regulan todos los procesos químicos del cuerpo. Como nutrientes, son del grupo llamado catalizadores, o sea, reguladores. Son la clave de la salud, pues su equilibrio mantiene la armonía del metabolismo.

Existen más de tres mil enzimas conocidas, y aún se están descubriendo nuevas.

¿Qué funciones cumplen en el cuerpo? Entre otras, la digestión de los alimentos, las contracciones musculares que permiten el movimiento, facilitar las conexiones nerviosas, el equilibrio homeostático, la generación de energía y la reproducción celular. Como veis, allí donde hay actividad vital, allí están las enzimas, como coordinadoras del proceso.

¿Dónde se producen?

Las enzimas son sintetizadas en diversos órganos del cuerpo, pero también las asimilamos con los alimentos. Es importante llevar una dieta rica en enzimas, porque con la edad, el organismo pierde capacidad para generar enzimas. Una bajada en la producción enzimática pude ocasionar problemas digestivos, metabólicos, y otros trastornos.

¿Dónde encontramos enzimas? En muchos alimentos, sobre todo vegetales, pero siempre crudos. Hay que saber que las enzimas se degradan rápidamente con el calor. Todo alimento cocinado a más de 48 ºC pierde las enzimas. Por tanto, un plato de verdura cocida, por muy apetitoso que sea, no contiene enzimas. De ahí la importancia de introducir vegetales crudos en la dieta: frutas, ensaladas, jugos y licuados… Los licuados son especialmente ricos en enzimas, pues además, al romperse las fibras de celulosa los nutrientes son liberados en el jugo y el cuerpo los asimila de inmediato. Por eso se dice que una terapia de jugos es una super-alimentación. Especialmente es aconsejable en verano y en los cambios de estación.

Alimentos ricos en enzimas son todas las frutas y verduras, los cereales integrales, las legumbres, las semillas oleaginosas y los fermentados como el chucrut. Frutas como la piña y la papaya son especialmente ricas en enzimas que ayudan a la digestión. Un alimento que contiene muchísimas enzimas de calidad es el huevo, siempre que se consuma crudo y de una manera razonable. Por ejemplo, se puede batir y hacer una salsita con verduras. También se puede escaldar, cuajando la clara y dejando cruda la yema.

La enzima prodigiosa

El doctor Hiromi Shinya, autor de los libros La enzima prodigiosa y La enzima rejuvenecedora, explica su experiencia como médico gastroenterólogo y resalta la importancia de una dieta que potencie la producción de enzimas. Estos son algunos de sus consejos:

  • Adopta una dieta con esta proporción: 85 % de alimentos de origen vegetal (muchos cereales integrales, legumbres, verduras, frutas con moderación) y un 15 % de origen animal (básicamente pescado pequeño y huevo).
  • Evita los lácteos, carnes rojas, carbohidratos refinados y grasas trans.
  • Incorpora más crudos ―frutas, verduras, fermentados― y cereales integrales con legumbres y semillas.
  • Cena ligero, si puede ser, entre 3 y 5 horas antes de dormir. Si puedes acostarte con el estómago vacío, mucho mejor. Si tienes hambre toma unas frutas una hora antes de dormir.
  • Bebe abundante agua filtrada, no del grifo.

Este médico es considerado una autoridad en la endoscopia gastrointestinal, incluso inventó un sistema exploratorio que es el que se utiliza actualmente. Trabaja en USA y en Japón, donde es el médico de la familia imperial japonesa. Sus libros son amenos, pedagógicos y están basados en su amplísima experiencia. Tiene más de setenta años y una vitalidad asombrosa que él atribuye a sus hábitos de vida sana y a una alimentación tal como la describe en sus libros. En más de treinta años no ha conocido enfermedad alguna. ¡Vale la pena leerlo!

Ojos y enzimas

Di con los libros de Hiromi Shinya y me empecé a interesar por las enzimas cuando supe del papel tan importante que tienen en la regeneración de los tejidos. Las enzimas también tienen que ver con el proceso de la visión. Por ejemplo, hay dos enzimas distintas y muy concretas que regulan la manera en que las células de la retina recogen la luz y la transforman en señales que se envían al cerebro. Los fotorreceptores de la retina ―las células llamadas conos y bastones― segregan unas enzimas que se unen con otras moléculas mensajeras, generando un flujo de información hacia el cerebro. 

En este enlace podéis leer más sobre el tema.
  
Sabiendo que las enzimas se gastan y que son imprescindibles para todos estos delicados procesos, soy consciente de la importancia de una alimentación rica en estos nutrientes para conservar la visión y la salud.