domingo, 3 de mayo de 2015

Acupuntura y degeneración macular

Por su interés, extraigo estos textos de una entrevista al Dr. Andy Rosenfarb, acupuntor especializado en tratar problemas oculares con acupuntura y Medicina Tradicional China.

Importante: La acupuntura ocular no se aplica directamente en los ojos, sino en las zonas circundantes y en los puntos del cuerpo que reflejan órganos relacionados con la visión, incluidos el sistema circulatorio y nervioso.

¿Qué causa la degeneración macular?

De acuerdo con la Medicina China, las principales causas asociadas a la degeneración macular son los bloqueos de energía y de sangre. En términos físicos tenemos las llamadas drusas: cúmulos de calcio y colesterol en el ojo que constituyen la primera fase de la degeneración macular.

Tu oftalmólogo evaluará tus ojos. Te dirá que se está gestando una degeneración. Es lo que en Medicina China llamados estancamiento de energía o “chi”. La palabra “chi” designa la fuerza vital: la energía funcional del cuerpo. En este caso encontramos una congestión de energía y un estancamiento de la sangre, o circulación deficiente alrededor del ojo.

Otras causas subyacentes pueden ser una fragilidad del hígado o del riñón. Esto significa que nuestro metabolismo no funciona bien y nuestros fluidos corporales no circulan como deberían. Una disfunción hepática también se ve afectada por el deficiente flujo de sangre, líquidos y energía, y esto conduce paulatinamente a la degeneración macular.

¿Puede revertirse un proceso de degeneración macular?

El Dr. Rosenfarb afirma que sí. Pregunta a una persona con degeneración macular cuál es su experiencia y te contará algo así: Estoy sentado ante mi médico después de un examen y me dice: Parece que tienes degeneración macular. La mayoría de gente pregunta: ¿Qué es eso? Bien, responde el doctor, es una enfermedad incurable del ojo que comporta una pérdida progresiva de visión. ¿Qué? Suena tan mal como un diagnóstico de cáncer.

La siguiente pregunta es: ¿Qué puedo hacer? La respuesta convencional es: Nada. Puedes tomar algunas vitaminas o suplementos, pero no hay un tratamiento definitivo hasta la fecha, ni fármacos ni cirugía.

Hoy sabemos que las inyecciones de Lucentis o Avastine pueden detener y retrasar el proceso. Pero no son la solución definitiva. A largo plazo, estos fármacos son tóxicos y van quemando el tejido ocular.

Sin embargo, desde la persectiva de la Medicina China y la naturopatía hay muchas cosas que podemos hacer para recuperar visión y frenar el proceso degenerativo.

¿Cómo puede ayudarme la acupuntura ocular?

La investigación reciente ha mostrado que la acupuntura incrementa el flujo de sangre hacia los ojos y estimula el córtex visual, el área cerebral donde se produce la visión. Podemos comprobarlo mediante una ecografía Doppler: la acupuntura aumenta la circulación sanguínea hacia los ojos y hacia el cerebro. Podemos medir los efectos de esta terapia. ¿Por qué se producen? Todavía falta más investigación para llegar a conclusiones. Lo que sí sabemos es que en la mayoría de los casos se dan resultados positivos. Por tanto, es necesario investigar más para comprender el mecanismo de estas intervenciones.

¿Cuál es el grado de éxito de la acupuntura ocular?

Entre un 85 y un 90 % de los pacientes del Dr. Rosenfarb mejoran su visión en la primera ronda de tratamiento ―cinco días consecutivos de acupuntura―. Los pacientes con degeneración macular vienen con un grado de distorsión en su agudeza visual. Cuando llegan a la consulta pueden leer cierta línea de la plantilla de lectura. Al finalizar los cinco días, pueden leer entre 2 y 5 líneas más. Los pacientes con peor visión incluso pueden leer 6,7 u 8 líneas más. Los resultados dependen del grado de progresión de la enfermedad y del daño en la mácula. Pero lo importante es que las mejoras se producen.

¿Cómo se mide la eficacia del tratamiento de acupuntura en la visión?

Haciendo un test de agudeza visual al paciente, antes de empezar el tratamiento y después, así como una prueba de campo visual. Los pacientes con degeneración macular pueden sufrir desde una ligera distorsión hasta una pérdida total de visión central. Esto significa que tendrán dificultades para leer y distinguir los detalles, así como para conducir y reconocer caras. La agudeza y el campo visual determinan el grado de pérdida funcional. Por lo general, envío a mis pacientes a sus oftalmólogos para que les hagan una OCT y un examen de fondo de ojo para observar cualquier cambio o mejora estructural en su mácula. Queremos ver cómo progresan, si van a mejor o a peor. En resumen, utilizamos una combinación de tests funcionales junto con las pruebas que realizan los oftalmólogos y retinólogos para confirmar la estabilización y la mejora visual del paciente.

Para más información podéis consultar la página web del Dr. Rosenfarb.

domingo, 19 de abril de 2015

Seguimos avanzando - Nueva etapa del blog

Iniciamos la segunda etapa de este blog sobre salud visual. En primer lugar, quiero agradeceros a todos aquellos que semana tras semana habéis seguido y leído las entradas del blog. Durante la primera etapa he ido reflexionando sobre diferentes temas, elaborando artículos divulgativos para ampliar nuestros conocimientos sobre el funcionamiento de los ojos. Especialmente me he centrado en las patologías oculares que afectan a la retina y sus causas. Durante un año he estado caminando con vosotros, compartiendo experiencias, retos, mejorías y baches. He querido ahondar en el tema de la visión desde un enfoque holístico, considerando al ojo como una parte del todo que es la persona y no como una pieza aislada del funcionamiento global de nuestro organismo.

He intentado responder a muchas cuestiones que preocupan a personas que sufren patologías oculares. Desde el primer momento vi muy claro que la base de la salud está en nuestra alimentación, por eso me he querido informar y profundizar en lo que se podría llamar oftalmología nutricional. Es decir, lo que comemos es decisivo para nuestra salud visual. No podemos separar la salud de una nutrición sana y equilibrada.  Los desórdenes de muchas enfermedades, no solo de la vista, son originados por una mala alimentación. No es que otros enfoques no sean válidos, pero este lo encuentro fundamental y, además, está en manos de todos. Alimentarnos bien para estar bien y para ver mejor nos hace ser pacientes responsables y activos.

El ojo tiene una directa relación con el hígado y el colesterol, la circulación sanguínea y la tensión arterial. Y todo esto tiene que ver con la alimentación. Incluso considero que, aunque se haya producido algún tipo de lesión que afecte a la retina o al nervio óptico, una dieta adecuada puede ser decisiva para la recuperación o la mejoría del ojo.

Pero es cierto que esto no es suficiente. También son importantes las emociones y el estilo de vida. Es fundamental que el paciente tome las riendas de su salud y de su vida. Para ello debería contar con la ayuda de un buen oftalmólogo que sepa hacer un abordaje integral del problema y le dé el soporte psicológico y emocional que necesita, ya que la pérdida de visión genera un estado de inseguridad importante.

También es verdad que ciertas patologías, según su gravedad, hacen necesaria una intervención quirúrgica o un tratamiento farmacológico, como las inyecciones intraoculares. Hoy por hoy son el único remedio, pero se están investigando alternativas que eviten una terapia tan agresiva con el riesgo de que la alta toxicidad de los fármacos provoque efectos indeseables. La medicina oftalmológica está avanzando a pasos agigantados y estos problemas, así como algunos tipos de ceguera, un día llegarán a resolverse. Mientras tanto, todo esfuerzo para mimar y cuidar nuestros ojos con buenos alimentos, buenas emociones y buenos ejercicios nos ayudará a mantener o a evitar el deterioro de la calidad visual.

En esta nueva etapa del blog os ofreceré nuevos temas, avances científicos, reflexiones e información muy útil para nuestra salud, global y ocular.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Entrevista al Dr. Jordi Monés

He tenido la oportunidad de entrevistarme con el Dr. Jordi Monés, referente en retina y mácula a nivel internacional. Aquí publico íntegra la entrevista.

Jordi Monés Carilla nació en Barcelona en 1961.
Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Retina, Mácula y Vítreo.


―¿Por qué escogió, dentro de la medicina, la especialidad en oftalmología?
―De joven quería ser médico para llegar a ser un gran cirujano. Era muy naif, tenía ganas de hacer grandes cosas, de cambiar el mundo, y quería ser neurocirujano, o cirujano cardíaco, y además de niños. Pero a medida que cursaba los estudios fui viendo campos que podían abrirme más oportunidades. La especialidad de oftalmología era muy atractiva para mí porque era tanto médica como quirúrgica. Podía ser muy científica y a la vez muy tecnológica. Por otra parte, el ojo es un órgano externo, muy transparente, al que tenemos acceso y podemos ver cualquier intervención que hagamos en él, cosa que con otros órganos no es posible. También es una disciplina de extrema precisión, y como vengo de una tradición familiar de joyeros me resultaba atrayente trabajar con un órgano tan fino, tan pequeño, que pide tanta exactitud. Finalmente, luchar contra la ceguera, que afecta tanto a las personas, me ofrecía una opción ambiciosa donde había mucho por hacer.
―¿Por qué se centró en la retina?
―Por las mismas razones. La parte anterior del ojo ―córnea, cataratas― ya estaba más solucionada, en cambio en retina quedaba mucho por hacer. En el mundo occidental, las enfermedades que mayoritariamente causan ceguera son de la retina. No ocurre lo mismo en los países del tercer mundo, donde muchas cegueras se pueden resolver con una operación de cataratas o con unas gafas.

En los países desarrollados, la principal causa de ceguera está asociada a enfermedades de la retina. Son enfermedades genéticamente programadas y no evitables, aunque en algunos casos se pueden minimizar sus efectos con buenos hábitos.

―¿Por qué la retina es la mayor causa de ceguera en los países desarrollados?
―Porque se trata de enfermedades degenerativas. Todo lo que podemos modular, como los hábitos, la alimentación y el estrés, es evitable. Pero otras enfermedades, si están genéticamente programadas, no podemos curarlas. Otra cuestión es que, siendo inevitables, las agravemos con mala alimentación o fumando. Los hábitos son muy importantes para minimizar las enfermedades no prevenibles. En algunos casos, como en la retinopatía diabética, unos buenos hábitos y una buena alimentación, acompañando la enfermedad como amiga, pueden hacer que convivas con ella toda tu vida y que ella te perdone. Si eres amable con la enfermedad ella lo será contigo, pero si la maltratas y la ignoras, no te perdonará. En el caso de la retinopatía diabética esto es muy claro. Si el paciente la asume como compañera de viaje, irán juntos. Pero si la ignora será como arrastrar una persona encadenada y, además, golpeándola. Así no avanzará y nunca saldrán adelante. Los hábitos son importantes siempre, pero hay enfermedades, como la retinosis pigmentaria o la enfermedad de Stargardt que, hagas lo que hagas, seguirán su camino. En el caso de la degeneración macular, si se controlan los hábitos no será tan grave, pero persistirá.
―¿Cuál es el enemigo número uno de la retina?
―Está claro y hoy sabemos que el enemigo número uno son los defectos genéticos. Ellos hacen que tu retina se deteriore.
―¿Qué significa para usted el trato con los pacientes?
―Es algo muy especial. No son palabras, intento aplicarlo con mayor o menor éxito: los enfermos no son enfermedades. Los médicos no deberíamos contentarnos con curar o hacer lo que podamos, médicamente. En la medida de mis posibilidades intento, además de curar, ayudar emocionalmente a mis pacientes, incluso diría, aunque parece muy atrevido, espiritualmente. Tenemos la oportunidad y la capacidad de incidir en la vida de las personas al margen del tema médico. A muchos de mis pacientes no puedo enviarlos al psicólogo, pero cuando los tengo delante sé que confían en mí y puedo intentar abrirles puertas.

El trato con los pacientes es muy especial. Además de curar, podemos ayudarles a vivir y a convivir con la enfermedad. Es importante que no se identifiquen con la dolencia.

Si tenemos la suficiente inspiración podemos ayudar a los pacientes a vivir con la enfermedad. Los orientamos: es importante que no se identifiquen con la dolencia, que no asocien la pérdida de visión con la pérdida de autoestima. Que no intenten superar la enfermedad negándola. Si no pueden hacer una actividad, les animamos a asumirlo y a dedicarse a otra cosa. También podemos ayudarles a vivir sin miedo al futuro. El futuro es una ilusión, no existe. Mucha veces sufrimos en exceso por cosas que nunca sucederán o que, cuando sucedan, las veremos de otra manera. Entristecerse por algo que puede ocurrir dentro de diez o quince años no tiene sentido.
Cuando tenemos miedo nos falta una visión objetiva de las cosas y quedamos atrapados en bucles de angustia, en pensamientos negativos que nos dominan. Al final, nos convertimos en nuestros pensamientos. Deberíamos pensar: no, esto es un pensamiento que me viene y debo dejar que pase. Pero cuando nos identificamos con el pensamiento estamos perdidos. Si viéramos los pensamientos como películas sería diferente. Esto es complejo, pero si ponemos nuestro granito de arena podemos curar a nuestros pacientes y a los que no podemos curar del todo al menos les podemos ayudar a vivir y convivir con su enfermedad. Por eso el trato con el paciente, para mí, es mucho más que practicar la medicina.
―Hablando de emociones, ¿cómo influyen las emociones en la vista? A veces decimos: “ves lo que quieres ver, y lo que no quieres, no lo ves”...
―El estrés puede afectar en algunos casos. Pero lo peor es lo que uno no ve con los ojos, sino con la mente, con la conciencia, con el alma.  Se trata de la gestión del dolor. Mucha gente que no ve mal vive atrapada en el sufrimiento y otras personas, que ven mucho menos, son felices porque no se han identificado con su enfermedad. Cuando uno sufre un problema grave es fácil atribuir a la enfermedad todas las desgracias. Todo depende de cómo gestionamos la carencia y el dolor. Una cosa es la enfermedad y otra el sufrimiento que nosotros añadimos. Por eso es importante ayudar a la gente a vivir su proceso de forma distinta. Después de tanto convivir con el sufrimiento he ido aprendiendo un poco y puedo, así, ayudar a mis pacientes.
―Topas con los límites de la persona.
―Sí, y al final te das cuenta de que todos somos iguales y reaccionamos de manera similar. Normalmente el dolor es vivir anclado en el pasado y sufrir por el futuro, y esto es universal. Puedes vivir encallado en un divorcio, en una enfermedad, en un problema laboral, interpersonal… Todo el mundo acaba actuando reactivamente: o bien sin tener una visión clara del problema, o con prejuicios, o de forma muy elemental. Si vamos elaborando el problema nos iremos distanciando y reduciendo la angustia.

Lo peor no es lo que uno ve con los ojos, sino con la mente, con la conciencia, con el alma. Se trata de la gestión del dolor. El dolor es vivir anclado en el pasado y sufrir por el futuro, y esto es universal.

Muchos pacientes que no corren el riesgo de quedarse ciegos temen a este fantasma: les da tanto miedo que no lo verbalizan, pero allí está. Aunque no me lo pregunten, yo les contesto y les digo qué les puede ocurrir y qué no. Cuando acotas lo que puede pasar la ansiedad baja. Además les digo: desidentifíquese de su dolencia. Cuando una persona dice “yo soy la lectura”, quiere decir que si no puede leer deja de existir. Esto es muy grave. A una persona que tiene dificultades para leer no le puedes impedir que se esfuerce, pero sería bueno ayudarla a buscar alternativas a la lectura. Mientras está leyendo con esfuerzo y sufrimiento, está siendo consciente de su limitación. Si en lugar de empeñarse en leer diez líneas en una hora se pone un audio libro o una conferencia con alguna aplicación informática, durante aquellas horas habrá olvidado que está enfermo y no puede leer, y esto le hará un poco más feliz.
No estoy diciendo que la gente deje de superar sus limitaciones, pero lo sabio es no identificarse con su punto débil y buscar otras cosas. Una persona bajita no se plantea jugar a básquet, y todo el mundo lo asume con naturalidad. A quien le cuesta leer es bueno mostrarle que hay otras actividades que pueden llenarle las horas y hacerle feliz. Pero esto pide tiempo.

Muchos pacientes temen a este fantasma: quedarse ciegos. Cuando acotas lo que les puede suceder, la ansiedad baja. Lo sabio es no identificarse con el punto débil y buscar alternativas.

―¿Se podrá curar la ceguera?
―Depende. Hablar de ceguera es muy amplio, como hablar de cáncer. Hay muchas cegueras que ya se han resuelto, como la que provocaban las cataratas. Cuando empecé a investigar en los Estados Unidos la degeneración macular húmeda era una auténtica catástrofe. No causaba ceguera total, pero sí ceguera legal a mucha gente. Pasamos muchos años haciendo estudios, acompañando a los pacientes en su desesperación al ver que iban perdiendo visión. A partir de 2005 salieron unos tratamientos que han cambiado radicalmente el pronóstico de la enfermedad. Hoy día, a la mayoría de pacientes les podemos detener el progreso de la enfermedad durante mucho tiempo. Esto ha sido a base de persistir, luchar e investigar en un periodo relativamente corto, de unos veinte años. Para la ciencia es muy poco tiempo. En enfermedades vasculares de la retina y en la retinopatía diabética, por ejemplo, el cambio ha sido espectacular.
Sigue habiendo causas de ceguera, pero las iremos eliminando. El glaucoma, por ejemplo, si se detecta a tiempo se puede prevenir. Lo que es lamentable es dejar que el nervio llegue a atrofiarse. Pero si abordamos la enfermedad con tiempo, con campañas de prevención, la ceguera es evitable. Hay casos severos que no podemos evitar, pero en algunas enfermedades, como el glaucoma, la detección precoz es fundamental. Muchos pacientes pueden curarse con detección precoz. 

El cambio en el tratamiento de la degeneración macular húmeda ha sido espectacular. Los fármacos han permitido detener el progreso de la enfermedad durante mucho tiempo. Esto ha sido gracias a la persistencia y a la investigación constante.

―¿Recomendaría una revisión ocular a todo el mundo, a partir de cierta edad?
―Absolutamente, pues enfermedades como el glaucoma y la degeneración macular se pueden detectar a tiempo y evitar. Con población normal la recomendaría a partir de los cincuenta años, pero si hay miopía o antecedentes familiares, antes. Algunos niños con problemas visuales también pueden requerir visita. Las revisiones oftalmológicas son como las ginecológicas, pueden hacerse cada dos o tres años, y más adelante una vez al año. Son simples y sirven para detectar problemas graves.
―En el campo de la degeneración macular, ¿qué expectativas hay de mejora?
―En la DMAE húmeda hemos avanzado mucho. En el caso de las enfermedades vasculares, por ejemplo una trombosis venosa que provoca una inflamación secundaria de la mácula por alteración de la circulación, el tratamiento es similar al de la degeneración macular húmeda. Se usan los mismos fármacos, aunque no es la misma enfermedad.
La gran epidemia del mundo occidental es la degeneración macular atrófica [la seca]. Para mí es una obsesión de muchos años. Es más difícil de tratar que la húmeda, porque  en esta hay unas venitas que, cuando desaparecen, dejan la retina viva. Pero en la DMAE atrófica la retina se muere. Es una enfermedad de origen genético y no hay nada que hacer. Aunque se adopten hábitos correctos, la enfermedad surge, sobre todo en personas que viven muchos años. Hoy la gente vive hasta edades avanzadas. Esperan vivir esta etapa de su vida de forma contemplativa y se encuentran con esta enfermedad. Puede afectar hasta a una de cada cuatro personas mayores de ochenta años.

La gran epidemia del mundo occidental y el reto para los oftalmólogos es la degeneración macular seca. Es de origen genético y la retina muere. Se da en una de cada cuatro personas mayores de ochenta años.
Como la retina va muriendo, el tratamiento intenta regenerarla. Tenemos dos opciones: cambiar el reloj biológico de las células para que no mueran, con tratamientos preventivos celulares o genéticos, o bien regenerar la retina que ya está muerta. Esto es muy complicado, porque es como regenerar el cerebro. De hecho, el ojo es una parte del cerebro expuesta al medio ambiente. Trasplantar retina sería como trasplantar cerebro. Dicho esto, se están haciendo muchos avances en experimentos con animales, con células madre, tanto embrionarias como adultas. Es cuestión de tiempo que encontremos la manera. Hasta ahora las pruebas no han dado resultados muy eficaces pero ya vemos que no son peligrosas y no generan tumores. El camino está abierto.

Hay varias líneas de investigación en degeneración macular seca: desde tratamientos preventivos, regeneración de la retina o la optogenética, que intenta ampliar las funciones de las células retinianas que siguen vivas para que puedan captar luz.

Hay otras vías, como la optogenética: intentar que las células que quedan vivas en la retina adquieran capacidad visual. Este proyecto utiliza unas proteínas de las algas. Hacia el 2006 se detectó que estas proteínas captan la luz. En la retina hay tres capas principales de células. Resumiendo mucho, la primera capa son las células que convierten la luz en impulso eléctrico. La segunda capa transmite ese impulso y la tercera, de células ganglionares,  envía el impulso eléctrico al cerebro. En las enfermedades degenerativas falla la primera línea de células. Esto significa que la conexión eléctrica existe, pero no tenemos la primera capa que convierte la luz en señal. Estas proteínas, según se ha visto en algunos modelos, pueden “infectar” las células restantes mediantes virus o nanopartículas. Estas células, que solo tenían la capacidad de transmitir electricidad, de pronto pueden captar la luz.
Otra posibilidad sería cambiar genéticamente las células mal programadas. Se espera extraer las células del paciente, reprogramarlas y volverlas a introducir. Esto no es ciencia ficción. Costará más o menos, pero se está haciendo y la ciencia lo permite.
―¿Podemos decir que las principales líneas de investigación van por el campo de la genética?
―Van por diversos campos: la genética, las células madre, los chips biológicos y otras. Ahora somos capaces de imaginar lo que conocemos, pero a medida que se van abriendo puertas podemos imaginar cosas nuevas. Hemos de estar muy abiertos y ser muy humildes ante lo que el futuro nos vaya abriendo.

Las farmacéuticas apoyan mucho la investigación cuando hay fármacos detrás de un tratamiento. Como cualquier industria, persiguen beneficios. Pero un discurso anti industria es simple. Sin ella la degeneración macular húmeda no se hubiera solucionado.

―¿Hay suficiente apoyo financiero, aquí en nuestro país?
―Es un gran problema. Los recursos para la investigación son escasos y se necesita mucho dinero, pues los gastos de cualquier proyecto son elevados. Además de pagar al equipo humano hay que hacer modelos muy costosos, en ciertas condiciones. Tal como está el país es un momento muycomplicado. La administración ayuda cuando puede, pero tiene pocos recursos.
―¿Quiénes son los principales mecenas de la investigación, hoy?
―Hay algunos mecenas privados. La industria suele apoyar mucho y hemos avanzado gracias a ella. Un discurso anti industria es simple, porque la degeneración macular, por ejemplo, nunca se hubiera solucionado si la industria farmacéutica no hubiera estado detrás. Las farmacéuticas tienen pretensiones económicas para sacar rendimiento de sus productos, como cualquier otra rama. Ningún país del mundo puede financiar la investigación que se está realizando en tantas enfermedades y con tantos fármacos.  La industria apuesta por productos; muchas han tenido que cerrar porque se la han jugado y han perdido pero otras han conseguido fármacos gracias a los cuales se ha podido curar una enfermedad. Pero hay áreas de la investigación donde no hay fármacos detrás, entonces es más difícil conseguir apoyo de la industria. Cuando se trata de células, optogenética, trasplante de tejidos… ya no son temas de interés para las industrias y hay que solicitar ayudas públicas. Hoy día donde hay más dinero es en Europa, pero conseguir financiación europea no es fácil.
―¿Ha oído hablar del trabajo de la doctora Almudena Ramon Cueto y la regeneración de nervios y tejido medular? ¿Puede esto tener aplicaciones en oftalmología?
―Sí, la regeneración de los nervios es difícil, pero posible. No hemos de cerrarnos a ninguna opción porque no sabemos qué límites tenemos. El camino está abierto, solo falta tiempo. Si estas pruebas resultan, se pueden aplicar al campo ocular.

La regeneración de los nervios es difícil, pero posible. No hemos de cerrarnos a ninguna opción porque no sabemos qué límites tenemos. El camino está abierto, solo falta tiempo.

―¿Qué piensa de las terapias basadas en el pensamiento positivo, la energía y la física cuántica?
―De entrada, todo cuanto ayuda a la gente a ser más feliz está bien. Todo se puede modular, pero hay límites. Una enfermedad orgánica no se puede curar solo con pensamientos. Tampoco hemos de culpabilizar al paciente y decirle que “está enfermo porque quiere”.
―¿Cree que los suplementos alimentarios, como los que aportan luteína y otros componentes, pueden ayudar a las enfermedades de retina?
―En el caso de la degeneración macular húmeda los suplementos pueden ayudar a disminuir el riesgo; en cierto modo son preventivos. Cuando ya está muy avanzada no ayudan tanto. De todos modos, una buena alimentación y unos buenos hábitos: hacer ejercicio, no fumar, comer sano, todo ayuda a prevenir y a mejorar la calidad de vida.
―Háblenos de su fundación. ¿Cuál es su finalidad, y qué se propone?
―Nuestra misión es luchar contra la ceguera no prevenible, causada por enfermedades genéticas como la degeneración macular atrófica, la retinosis pigmentaria, la enfermedad de Stargardt... queremos apoyar la investigación en terapias innovadoras, divulgar los conocimientos sobre estas enfermedades degenerativas entre los pacientes y la sociedad y convertirnos en un referente en estos temas, creando red con otras instituciones a nivel internacional.

En Barcelona tenemos mucho talento científico en diversas ramas. Podemos investigar y obtener buenos resultados. La investigación, hoy, se hace a través de equipos multidisciplinares de muchos países.

Nos mueve que aquí, en Barcelona, tenemos mucho talento científico alrededor, y en muchas ramas: medicina regenerativa con células madre, fotónica, nanotecnología, regulación genómica, epigenética…  Tenemos todos los ingredientes para formar un cóctel con buenos resultados. No estamos en una “Champions”, por así decir, pero sí en primera división. Aunque nos falta la masa crítica de investigadores que hay en Estados Unidos y en otros países que llevan muchos años investigando, también somos conscientes de que a veces un equipo de segunda puede ganar el partido a un líder de primera.
La investigación, sin embargo, no la haremos los oftalmólogos solos. La ciencia hoy ya no es cosa de un individuo, ni de un grupo, sino de equipos multidisciplinares de muchos países, donde cada cual aporta su valor añadido. Gracias a esto se está progresando mucho.  
Podéis visitar nuestra web para ampliar información: www.barcelonamaculafound.org 
―Muchas gracias, doctor, por dedicarnos este tiempo.
―Gracias a vosotros.

Entrevista realizada el 4 de noviembre de 2014 en la sede de la Barcelona Macula Foundation, por Joaquín Iglesias. http://recuperarlavision.blogspot.com.es/

En este enlace podéis leer y descargar la entrevista en pdf (opción Save).

domingo, 12 de octubre de 2014

Regeneración de la médula espinal: una investigación prometedora

Hace unos meses leí en la revista Discovery D-Salud una entrevista que me llamó mucho la atención. La persona entrevistada era la Dra. Almudena Ramón Cueto, cirujana e investigadora del CSIC que ha llevado a cabo varios ensayos exitosos en animales para regenerar la médula espinal. Mediante el cultivo de unas células adultas del bulbo olfatorio del cerebro del mismo animal, y su inyección posterior a la médula espinal, no solo ha conseguido regenerar el tejido nervioso dañado sino, lo que es más importante, ha logrado que estos animales recuperen la movilidad y la autonomía. Los experimentos con ratones y monos se han llevado a cabo en el Instituto de Biomedicina de Valencia, financiados por varios gobiernos autonómicos y por privados. Se han publicado los resultados en importantes publicaciones médicas y científicas y están a punto para poder probarse en humanos. Si esta terapia funciona, será motivo de gran esperanza para miles de personas que sufren lesiones medulares y una discapacidad severa (parapléjicos o tetrapléjicos).

Cuál no ha sido mi grata sorpresa, tiempo después, cuando en una de mis visitas a mi oftalmólogo, el Doctor Vivar, me explicó que había contactado con la doctora Almudena y habían mantenido una larga conversación. Los descubrimientos de la doctora no solo pueden beneficiar a los lesionados medulares, sino a toda persona con daños en el tejido nervioso… ¡incluido el tejido de los ojos, la retina! Si mediante el implante de células adultas cultivadas del mismo paciente se puede regenerar la médula y devolver la movilidad a la persona, ¿por qué no pensar que se puede regenerar, en el futuro, una retina dañada?

La trascendencia de estas investigaciones es enorme. En el mundo hay unos 4 millones de lesionados medulares, la mayoría eran personas activas, muchos de ellos jóvenes, que se han visto reducidos a la inmovilidad por accidentes o traumatismos. En España los lesionados de médula suman unos 48 000 afectados. Además del sufrimiento que viven ellos y sus familiares, el coste sanitario de su mantenimiento es enorme. Una terapia que ofrezca la recuperación, total o parcial, es motivo de esperanza y debería ser apoyada desde todas las instancias. Sin embargo, y posiblemente debido a las presiones comerciales de algunas empresas comprometidas con ciertos políticos, la doctora Ramón ha visto dificultada su labor y se le han cortado las subvenciones públicas, como denuncia la revista D-Salud. Puede seguir investigando gracias a algunas becas de los Estados Unidos y a ayudas de particulares, así como al apoyo de la Fundación Investigación en la Regeneración del Sistema Nervioso (IRSN), promovida por pacientes afectados.

No dejo de admirar los esfuerzos de los investigadores que pueden lograr maravillas. Hasta hace poco se consideraba que cualquier lesión neuronal era imposible de reparar por la complejidad que entraña “reconectar” las fibras nerviosas rotas. Ahora se abre una puerta a la esperanza… Como paciente interesado, espero que los trabajos de la doctora Almudena Ramón puedan proseguir y llegar a buen puerto. Y que los pacientes de dolencias oculares también podamos, un día, beneficiarnos de estos avances.

Enlaces interesantes
Conferencia de la Dra. Almudena: https://www.youtube.com/watch?v=vNNvRgcb-RY

domingo, 28 de septiembre de 2014

Cómo vemos - Anatomía del ojo

¡Es el cerebro el que ve, no los ojos!

Los ojos no ven, es el cerebro el que ve. Los ojos son los órganos que recogen la información visual para el cerebro, de la misma manera que nuestras manos recogen información táctil que luego el cerebro interpreta. La mano y el ojo son inútiles sin sus conexiones con el cerebro.

Saber que el circuito completo, no solo los ojos, es responsable de nuestra visión, nos permitirá comprender mejor cómo funciona nuestro sistema visual.

Embriología del ojo

Tres semanas después de la concepción se empieza a formar el ojo. Después de siete semanas, el feto ya posee el globo ocular completo con sus diferentes capas de tejido cerebral. El ojo es una parte del cerebro ―en realidad, podríamos decir que es la única parte visible del cerebro desde el exterior―. Siete meses después de la concepción los párpados se abren dentro de la matriz. Los ojos continúan creciendo y cambiando mientras el bebé está en el útero y seguirán haciéndolo, de manera muy sutil, a lo largo de nuestras vidas.

El exterior del ojo

Las áreas auxiliares del ojo son la conjuntiva, o capa entre la córnea y el párpado. Las pestañas se conectan con los párpados. Las glándulas lacrimales producen fluido lacrimal segregado por los conductos lacrimales.

El globo ocular

Está envuelto en una capa, la esclerótica, que es la parte blanca que vemos parcialmente desde el exterior. Hay músculos externos conectados con ella que mueven el ojo de un lado a otro y de arriba abajo. El ojo descansa en un fluido graso que lo protege y facilita los movimientos.

En la región anterior del ojo, de afuera adentro, encontramos las tres capas de la córnea, el humor acuoso, la pupila ―agujero en medio del iris―, el iris ―la parte coloreada del ojo―. Dentro del iris encontramos la lente o cristalino, conectada por medio de diminutas fibras al cuerpo ciliar. La lente se mueve y cambia de forma en conexión con estas fibras musculares.

La región interna del ojo consiste en el humor vítreo ―el fluido transparente que llena el globo ocular―, la retina y la capa coroides, que la rodea.

Cuando la luz incide en nuestros ojos atraviesa muchas estructuras delicadas y fluidos. La primera es la córnea, después el humor acuoso, la pupila, la lente y todo el humor vítreo del globo, hasta llegar a la retina, donde se ubican la mácula y la fóvea central, que está situada en la parte posterior de la retina.

La retina

La retina, la parte interior del ojo, consiste en múltiples capas de foto receptores, llamados conos y bastones. Hay unos 137 millones de foto receptores en la retina, 130 millones de bastones y unos 7 millones de conos ―la proporción es de 95 a 5―. Estos foto receptores son estimulados por la luz. Están conectados al cerebro y cuando son activados transmiten la información lumínica al cerebro visual. Los foto receptores están concentrados en la fóvea central y en la mácula que la rodea; esta es el área responsable de la visión central. Los bastones solo se encuentran en el área periférica de la retina, en el borde de la mácula, siguiendo la llamada ora serrata, o borde serrado.

La visión posee cinco características: profundidad, color, movimiento, luz-oscuridad y forma, y todas ellas son procesadas en el córtex visual. Los conos son responsables de la resolución, la vista enfocada y la percepción del color. Los bastones son responsables de la visión nocturna y periférica.
Para que os hagáis una idea de lo sofisticado que es este sistema, los científicos todavía son incapaces de trasplantar la retina de un donante a un paciente. Se pueden trasplantar corazones, hígados, pulmones y riñones, incluso córneas. Pero conectar la retina con el cableado cerebral es algo que todavía no ha podido realizarse debido a la enorme cantidad de circuitos neuronales implicados.

Envolviendo la retina encontramos la capa coroides, que le aporta riego sanguíneo. La sangre fluye por la capa coroides hacia el cuerpo ciliar, responsable de la producción del humor acuoso.

Ya conocemos un poco mejor la anatomía de nuestro sistema visual. En una próxima entrada hablaremos de su funcionamiento y su conexión con el cerebro.
Fuente: Eyebody, libro de Peter Grunwald.

domingo, 21 de septiembre de 2014

El método Eyebody

El año pasado tuve la ocasión de conocer el método Eyebody (Cuerpo-Ojo), creado por Peter Grunwald. Me interesó tanto que compré el libro de su autor y lo leí. Aquí ofrezco un extracto de su introducción. Se trata de un método de trabajo consciente corporal que da resultados muy buenos en personas con déficit de visión.

Además, aporta ideas muy innovadoras e interesantes, como el hecho de que el cuerpo entero se refleja en el ojo y en el sistema visual completo. Por tanto, igual que en reflexología, activar ciertos puntos conlleva una mejor global de la salud.

Sobre el autor

Peter Grunwald llevó gafas durante 27 años, a causa de su miopía y astigmatismo. Su habla, postura y visión se deterioraban con el paso de los años y necesitaba lentes cada vez más gruesas. Todo cambió el día que comenzó a estudiar la Técnica Alexander, que le aportó mejoras posturales, verbales y mentales. Después de conocer el Método Bates para mejorar la visión, Peter se formó en Alemania con la prestigiosa instructora Janet Goodrich. Dieciocho meses después dejó de llevar gafas.

Fue entonces cuando Peter descubrió que los ojos están vinculados con las estructuras del cerebro que gobiernan el cuerpo humano, las emociones y la capacidad de pensar y razonar. En miles de talleres y sesiones de su consulta ha podido ver profundos cambios en el cerebro, el ojo y la coordinación corporal, así como en la visión, la postura, el equilibrio emocional y las funciones cerebrales.

Peter vive con su familia en Nueva Zelanda, donde tiene su consulta, y dirige seminarios por todo el mundo.

Cómo nace el método Eyebody

La técnica Alexander es un sistema de posturas y movimientos desarrollado por un australiano a finales del siglo XIX. Ayuda a mejorar la salud a través de un trabajo que implica toda la persona: la mente y el cuerpo.

El Método Bates es una técnica que ayuda a mejorar la visión de forma natural, mediante ejercicios de la musculatura ocular.

Peter Grunwald no solo sintetiza ambas técnicas, sino que las trasciende, creando un nuevo método de integración cuerpo-mente. El método Eyebody ofrece una manera de lograr la serenidad y percibir el mundo en 3D sin necesidad de un equipamiento sofisticado, simplemente utilizando el potencial mental y corporal de la persona.

La experiencia de Peter durante treinta años le ha llevado a perfeccionar una serie de prácticas somáticas, definidas como la relación entre cuerpo, pensamiento, creencias culturales, sentimientos individuales y voluntad. El centraje cuerpo-mente (BMC, BodyMind Centering) enfatiza la importancia de la anatomía experiencial: ser capaz de modificar la estructura anatómica mediante la mente. La optometría conductual sostiene que la visión puede cambiar así, y la experiencia de Peter con sus pacientes así lo demuestra.

Las imágenes tridimensionales son producidas en el cerebro, no en los ojos. Nuestro cerebro lo hace por nosotros, pero si elegimos pensar en este proceso de manera consciente, como Peter enseña, la visión adquire una tridimensionalidad extraordinaria y vívida.

lunes, 4 de agosto de 2014

La terapia del verde

Hace pocos días me encontré con un amigo que paseaba, como yo, por los parques de la Vila Olímpica. Me dijo que procuraba caminar cada día un buen rato bajo los árboles, ya que el verde de las hojas era muy terapéutico para la vista. Me interesó el tema y busqué por Internet. Es cierto que todos notamos un descanso, visual e incluso mental, cuando estamos en un entorno frondoso, en el campo o en un jardín. Pero me interesaba saber el por qué, conocer las bases científicas de este beneficio. Mirando varias páginas encontré explicaciones muy interesantes que voy a intentar resumir aquí.

La retina, en el fondo del ojo, recibe los estímulos luminosos del exterior. Sus células nerviosas ―conos y bastones― envían la información de luz, colores y formas al nervio óptico. Este la lleva al cerebro, donde se procesa y se compone la imagen que se está viendo. Pues bien, el tipo de luz que se recibe puede tener efectos beneficiosos para la visión. La llamada fototerapia optométrica Syntonic devuelve el equilibrio a una visión deficiente, tal como han comprobado los optometristas que la practican.

¿En qué consiste la terapia? El optometrista proyecta sobre la retina un haz de luz de color. Cada color posee una longitud de onda, una frecuencia vibratoria distinta que penetra en la retina y en la red de capilares que la sustentan. Para cada color hay diferentes receptores y cada color provoca una respuesta única. Por ejemplo, la luz azul-verde se utiliza para tratar deficiencias visuales causadas por una lesión, infección o trauma. La luz azul-verde reduce la inflamación de la retina y el área cortical.
Para enfermedades crónicas del ojo se utiliza la luz amarillo-verde, que estabiliza la fisiología ocular. Un ojo perezoso se puede beneficiar de la luz naranja-roja, que estimula el nervio óptico.

Ante la estimulación lumínica, el ojo reacciona y se va adaptando. Los músculos oculares y la microcirculación sanguínea se reactivan y la visión mejora. Esta terapia se aplica en varias sesiones durante unas veinte semanas. Es eficaz sobre todo para tratar problemas de reajuste: miopía, ambliopía, hipermetropía, ojo vago… También se ha demostrado útil para otros trastornos neurológicos y del aprendizaje.

Ahora ya comprendo por qué el verde descansa tanto la vista… ¡y la mente! Es la modalidad natural, al alcance de todos, de esta terapia basada en los colores y en la energía que desprenden. Por eso es tan recomendable salir de casa cada día y caminar al menos hasta el parque o espacio verde más cercano. Los que vivís en el campo o estáis de vacaciones en entornos rurales, ¡aprovechad! Un baño visual de verde sanador dará calidad a vuestra vista… y también a vuestra vida.

Encontraréis más información en estos enlaces: