lunes, 4 de agosto de 2014

La terapia del verde

Hace pocos días me encontré con un amigo que paseaba, como yo, por los parques de la Vila Olímpica. Me dijo que procuraba caminar cada día un buen rato bajo los árboles, ya que el verde de las hojas era muy terapéutico para la vista. Me interesó el tema y busqué por Internet. Es cierto que todos notamos un descanso, visual e incluso mental, cuando estamos en un entorno frondoso, en el campo o en un jardín. Pero me interesaba saber el por qué, conocer las bases científicas de este beneficio. Mirando varias páginas encontré explicaciones muy interesantes que voy a intentar resumir aquí.

La retina, en el fondo del ojo, recibe los estímulos luminosos del exterior. Sus células nerviosas ―conos y bastones― envían la información de luz, colores y formas al nervio óptico. Este la lleva al cerebro, donde se procesa y se compone la imagen que se está viendo. Pues bien, el tipo de luz que se recibe puede tener efectos beneficiosos para la visión. La llamada fototerapia optométrica Syntonic devuelve el equilibrio a una visión deficiente, tal como han comprobado los optometristas que la practican.

¿En qué consiste la terapia? El optometrista proyecta sobre la retina un haz de luz de color. Cada color posee una longitud de onda, una frecuencia vibratoria distinta que penetra en la retina y en la red de capilares que la sustentan. Para cada color hay diferentes receptores y cada color provoca una respuesta única. Por ejemplo, la luz azul-verde se utiliza para tratar deficiencias visuales causadas por una lesión, infección o trauma. La luz azul-verde reduce la inflamación de la retina y el área cortical.
Para enfermedades crónicas del ojo se utiliza la luz amarillo-verde, que estabiliza la fisiología ocular. Un ojo perezoso se puede beneficiar de la luz naranja-roja, que estimula el nervio óptico.

Ante la estimulación lumínica, el ojo reacciona y se va adaptando. Los músculos oculares y la microcirculación sanguínea se reactivan y la visión mejora. Esta terapia se aplica en varias sesiones durante unas veinte semanas. Es eficaz sobre todo para tratar problemas de reajuste: miopía, ambliopía, hipermetropía, ojo vago… También se ha demostrado útil para otros trastornos neurológicos y del aprendizaje.

Ahora ya comprendo por qué el verde descansa tanto la vista… ¡y la mente! Es la modalidad natural, al alcance de todos, de esta terapia basada en los colores y en la energía que desprenden. Por eso es tan recomendable salir de casa cada día y caminar al menos hasta el parque o espacio verde más cercano. Los que vivís en el campo o estáis de vacaciones en entornos rurales, ¡aprovechad! Un baño visual de verde sanador dará calidad a vuestra vista… y también a vuestra vida.

Encontraréis más información en estos enlaces:

domingo, 27 de julio de 2014

Mucho más que dulces

Casi todos sabemos que el cuerpo necesita tomar alimentos que contengan azúcares, grasas y proteínas. Nos han explicado que los azúcares son fuente de energía, las grasas también, además de formar algunas vitaminas, hormonas y tejido protector, y las proteínas son elementos de construcción, reparación y regulación.

Pues bien, desde hace décadas algunos científicos han venido desarrollando una nueva ciencia, la glicobiología, o ciencia de los azúcares, y han descubierto que algunos azúcares hacen mucho más que aportarnos combustible al cuerpo. Son vitales para desarrollar todos los procesos de nuestro metabolismo y para que las proteínas que operan en las células puedan desempeñar su función.

¿Cómo se ha descubierto esto? Estudiando a fondo el metabolismo celular. Así, ahora se sabe que existen varios carbohidratos que se asocian a ciertas proteínas y forman las llamadas glicoproteínas. Las glicoproteínas son unos filamentos, como cabellos finísimos, que se adhieren a la membrana de la célula y allí realizan tareas importantísimas, como facilitar la entrada de nutrientes a la célula, neutralizar amenazas de cuerpos extraños, regenerar tejidos, expulsar residuos, etc. Cada proteína contiene un mensaje o instrucción para realizar una función concreta, y el azúcar asociado es como el cartero que lleva ese mensaje al lugar apropiado dentro de la célula.

Pero, ¿qué azúcares son los que realizan esta importante tarea? Son ocho, llamados gliconutrientes o azúcares esenciales. Nuestro cuerpo no los produce, así que debemos tomarlos con la dieta. Y, como sucede con otros nutrientes, nuestro régimen habitual es muy desequilibrado y deficitario.

De los ocho gliconutrientes esenciales, hay dos que sí consumimos, en mucha cantidad: la glucosa y la galactosa. La glucosa está presente en todas las harinas y azúcares, así como en los alimentos vegetales. La galactosa está en la leche y los lácteos. Nuestro aporte de estos dos azúcares está asegurado, pero el problema es que el cuerpo necesita los ocho. ¿Qué ocurre con los seis restantes?

Los azúcares esenciales

Además de la glucosa y la galactosa, los otros seis azúcares que necesitamos son:
  • La fucosa, presente en la leche materna y en varias algas.
  • La manosa, se extrae del áloe vera y es muy importante para la prevención de infecciones y la regulación del sistema inmune.
  •  La xilosa, procedente del abedul (xilitol).
  • La N-Acetil Glucosamina, que ayuda a reparar los cartílagos y reduce los procesos de inflamación.
  • La N-Acetil Galactosamina, importante para la comunicación intercelular. 
  • El ácido N-Acetil neuramínico, involucrado en el desarrollo del cerebro y en la regulación del sistema inmune. También presente en la leche materna.

La agricultura intensiva y la industrialización de los alimentos, su recolección prematura y los largos periodos de envase y conservación hacen que nuestra dieta sea muy pobre en estos nutrientes esenciales. El cuerpo humano puede sintetizar los ocho azúcares a partir de la glucosa y la galactosa, pero el proceso requiere una enorme cantidad de energía, vitaminas, minerales y conversiones enzimáticas. Todo esto desgasta y quita fuerzas al cuerpo y provoca una caída del sistema inmunológico. Como consecuencia, el organismo no se regenera al ritmo adecuado ni puede responder a la presión del estrés y las toxinas que solemos ingerir o respirar.

De ahí que, además de cuidar lo que comemos, de tanto en tanto sea bueno tomar una tanda de suplementos que refuercen nuestro metabolismo. Sobre todo en épocas de trabajo intenso, estrés, enfermedad o carencia.

La empresa Mannatech es pionera en la investigación de los gliconutrientes y ha diseñado una serie de productos alimenticios que aportan estos azúcares esenciales, cuidando especialmente que su origen sea orgánico, de plantas vivas y cultivadas con medios ecológicos. De esta manera los nutrientes pueden ser asimilados de forma óptima.

Hay que tener cuidado con los suplementos. En el mercado existen muchos y de muchas marcas. Su calidad es variable. Muchos suplementos ofrecen aporte de minerales y vitaminas. Pero, ¿cuál es su origen? Pueden ser extraídos de minas, canteras, residuos o incluso del petróleo. No son asimilables por nuestro organismo y los excretamos por la orina tal como los ingerimos, de manera que son un gasto inútil y solo conseguimos sobrecargar nuestro hígado y nuestros riñónes. Por eso, aunque parezca muy quisquilloso, vale la pena leer la etiqueta y preguntar al farmacéutico o al encargado de la tienda de dietética para que nos informe bien, o bien informarnos nosotros sobre el origen y forma en que se presentan los suplementos. Si su origen está certificado como procedente de plantas y cultivos ecológicos tendremos la garantía de que esos elementos serán biodisponibles, es decir, asimilables por nuestro organismo, y harán su efecto.

Efectos positivos de tomar gliconutrientes

Los gliconutrientes son básicos para reforzar el sistema inmunitario y favorecer el metabolismo celular. Pueden reforzar el cuerpo a la hora de combatir infecciones, tumores, inflamaciones y procesos autoinmunes. Favorecen la regeneración de tejidos y células. Cuando el cuerpo funciona bien, también se tiene más energía y mejoran procesos como la digestión, la locomoción, y también la vista y los sentidos. En definitiva, contribuyen a la salud y al bienestar.

Varios grupos de científicos están sugiriendo que la investigación sobre los gliconutrientes supondrá toda una revolución no solo en el mundo de la dietética, sino en la industria farmacéutica. Muchos medicamentos podrían ser reemplazados por suplementos que aporten estos azúcares esenciales, ya que su presencia en nuestro cuerpo evitaría o paliaría numerosas patologías.

Podéis ver más información en este vídeo: http://youtu.be/PYwgkqogFDc
Oncólogo y pediatra Dr. Martí i Bosch habla sobre los gliconutrientes: http://youtu.be/nkq3npgWnMs 

domingo, 20 de julio de 2014

Últimos avances contra la degeneración macular

El 26 de junio, en el programa de Barcelona TV Terrícoles, fue entrevistado el Doctor Jordi Monés, un referente mundial en mácula y retina. El doctor explica que acudió a un congreso de farmacología ocular en Reykjavik, donde se expusieron los últimos avances en los tratamientos contra la degeneración macular. 

En este enlace podéis ver la entrevista completa. 

 Ahora voy a resumir algunos de los puntos más interesantes que ha comentado el Doctor Monés. En primer lugar, hay que saber que la degeneración macular es la primera causa de pérdida de visión y ceguera en Occidente. Se calcula que de las personas mayores de 75 años, un 6 % la sufren de forma grave, es decir, invalidante. Y un 30 % la sufren en mayor o menor grado. Estamos hablando de millones de personas que, en una etapa de su vida que, como dice el Doctor, se quiere más contemplativa, sufren una pérdida grave de visión y, por tanto, de calidad de vida. 

Hay dos tipos de degeneración macular, la seca y la húmeda. La seca, que es más rara, es la más grave, pues provoca ceguera y aún no existe un remedio definitivo. Los tratamientos que se están ensayando empiezan a dar resultados prometedores, pero están en fases muy iniciales. La degeneración macular húmeda, que es la que yo padezco, hasta el año 2005 era inexorable y también conducía a la ceguera. Pero a partir de esa fecha, se dio un salto cuántico en su tratamiento. Apareció una generación de fármacos antiangiogénicos, es decir, que frenan la proliferación de venitas y capilares, responsables de las exudaciones y distorsión visual. Estos fármacos, que se inyectan dentro del ojo, han sido la salvación para muchas personas, en las que me encuentro incluido. 

Pero se puede hacer más, como dice el Doctor Monés. Ahora mismo se están ensayando nuevos fármacos más eficaces que pueden no solo frenar, sino mejorar las condiciones de la retina. Estos fármacos están ya en las fases finales de experimentación con pacientes y es cuestión de unos pocos años que sean accesibles al amplio público. 

Todavía hay otras opciones, más revolucionarias y aún en fases muy iniciales. Son los implantes, ya sea de chips eléctricos o de células vivas que pueden regenerar la retina. Esta sería la meta más ambiciosa y deseada: la regeneración del tejido. 

Para entender un poco cómo funcionarían estos implantes, hay que saber que en la retina hay tres tipos de neuronas: las que captan la luz, las transmisoras, que enlazan los captadores de luz con las neuronas siguientes y las que conectan directamente las señales con el cerebro. La degeneración macular afecta a las primeras neuronas, y son estas las que se pueden regenerar o bien complementar con los implantes eléctricos. Aunque suene a ciencia ficción, como dice el Doctor Monés, es una realidad que veremos en un futuro no muy lejano. Esperamos que todas estas investigaciones sigan adelante y muchos pacientes podamos beneficiarnos de ellas.

 

domingo, 6 de julio de 2014

La dieta paleolítica

Hace aproximadamente un millón de años que el Homo sapiens camina sobre el planeta. En toda su historia, ha sido recolector y cazador y se ha alimentado de lo que encontraba en la naturaleza para sobrevivir. Solo en los últimos 10 000 años, a partir del nacimiento de la agricultura, se ha hecho sedentario y ha comenzado a alimentarse de granos, cereales, harinas y otros productos elaborados y cocinados. Diez mil años, en términos de evolución biológica, son muy poco, casi nada comparados con los restantes novecientos mil. Por eso sucede que el organismo humano no está totalmente adaptado para digerir y asimilar ciertos alimentos artificiales. Estos producen alteraciones en el funcionamiento digestivo y en los tejidos y órganos. Si los nutrientes forman moléculas muy grandes que el cuerpo no puede asimilar, la reacción del cuerpo es como ante una invasión de bacterias o virus: el sistema inmune se pone en marcha. Las células, previniendo una intoxicación, retienen agua y se hinchan. Así se produce un estado general de inflación y alerta en el cuerpo. Este estado, mantenido de forma continua durante mucho tiempo, consume mucha energía, acaba por deteriorar la salud y se manifiesta en diversos trastornos: malas digestiones, estreñimiento, gases, alergias, problemas de la piel, hipertensión, exceso de colesterol en sangre, edemas, insuficiencia renal…

Todo esto, ¡producido por la alimentación! De ahí que cada vez más médicos y nutricionistas señalen la dieta del hombre prehistórico como una alternativa para mejorar la salud. Lo que el hombre comía en su estado natural, como cualquier primate, es lo que realmente nuestro organismo está preparado para asimilar.

Los expertos en el tema también hablan de la dentadura y el aparato digestivo humano. Los dientes señalan muy bien qué clase de comida es la más adecuada para nosotros. Tenemos 8 incisivos, dientes planos y cortantes idóneos para cortar frutas. Después, tenemos 16 molares, para masticar y triturar fibras vegetales. Y finalmente tenemos solo 4 colmillos, y no muy afilados, para desgarrar carne de pequeños animales. En cuanto a nuestro sistema digestivo, tenemos un estómago de tamaño pequeño con ácidos y enzimas para digerir proteínas, grasas y azúcares y un intestino largo para digerir azúcares, grasas y, finalmente, procesar la fibra, que ayuda a mantener la flora intestinal y a retener el agua necesaria para la digestión.

Por tanto, los dientes y nuestros órganos digestivos nos indican el tipo de dieta natural para el ser humano: principalmente frutas, semillas que se puedan partir con las manos, tubérculos, raíces, vegetales de hoja y de tallos tiernos y, puntualmente, algo de proteína animal. No somos como los grandes carnívoros que desgarran animales crudos. En realidad, el hombre comenzó a comer carne cuando se desplazó a zonas frías donde había escasez de vegetales comestibles y tuvo que cazar, aprendió a dominar el fuego y gracias al asado pudo consumir carne más tierna. La cocción permitió que también la pudieran tomar niños y ancianos con dientes frágiles. En zonas marítimas o fluviales la fuente animal de proteínas fue el pescado, el marisco, los moluscos y, en las selvas, los gusanos e insectos.

A partir de la dentadura y nuestro sistema digestivo, los médicos expertos en el tema apuntan a que el 85 % de nuestra dieta debería ser de origen vegetal, incluyendo una buena parte de verduras y frutas crudas. El 15 % puede ser de origen animal, optando por las carnes, pescados y huevos (alimentos sin procesar). Los cereales deberían tomarse con mucha moderación ―no todo el mundo está bien preparado para digerirlos―. Y los lácteos quedarían eliminados, salvo el yogur porque es leche pre-digerida. Las harinas y los lácteos son causantes de las múltiples intolerancias que están surgiendo cada vez más al gluten y a otros productos.

¿Cuál es la dieta prehistórica? Justamente esta: la que incluye solo alimentos tal como los podemos encontrar en la naturaleza, es decir, animales y plantas. Lo preferible, siempre, es que tanto la carne como los vegetales sean de origen ecológico para evitar las intoxicaciones químicas.

Con esta dieta no hay problemas de carencias nutricionales ni de sobrepeso, porque no engorda. Puede incluso revertir los procesos de inflamación y diversas patologías causadas por los malos hábitos alimentarios.

Para animar y enriquecer esta dieta, podemos echar mano de las especias, las hierbas aromáticas y  el aceite de oliva virgen prensado en frío. Además, hierbas y especias tienen muchas propiedades de las que hablaremos en otras ocasiones.

Para la visión una dieta paleolítica moderada en carne es estupenda: aporta muchos antioxidantes y vitaminas A, C, E gracias a las verduras y frutas. Y minerales importantes para la vista, como el cinc, con los frutos secos, las hortalizas, los huevos, el pescado y la carne magra. Es especialmente indicada para personas con sobrepeso, pues seguirla adelgaza bastante rápidamente.

domingo, 22 de junio de 2014

La chispa de la vida

Hoy quiero hablaros de unas sustancias imprescindibles para nuestra vida y para el mantenimiento de una buena salud. Se trata de las enzimas.

Las enzimas son moléculas proteicas que regulan todos los procesos químicos del cuerpo. Como nutrientes, son del grupo llamado catalizadores, o sea, reguladores. Son la clave de la salud, pues su equilibrio mantiene la armonía del metabolismo.

Existen más de tres mil enzimas conocidas, y aún se están descubriendo nuevas.

¿Qué funciones cumplen en el cuerpo? Entre otras, la digestión de los alimentos, las contracciones musculares que permiten el movimiento, facilitar las conexiones nerviosas, el equilibrio homeostático, la generación de energía y la reproducción celular. Como veis, allí donde hay actividad vital, allí están las enzimas, como coordinadoras del proceso.

¿Dónde se producen?

Las enzimas son sintetizadas en diversos órganos del cuerpo, pero también las asimilamos con los alimentos. Es importante llevar una dieta rica en enzimas, porque con la edad, el organismo pierde capacidad para generar enzimas. Una bajada en la producción enzimática pude ocasionar problemas digestivos, metabólicos, y otros trastornos.

¿Dónde encontramos enzimas? En muchos alimentos, sobre todo vegetales, pero siempre crudos. Hay que saber que las enzimas se degradan rápidamente con el calor. Todo alimento cocinado a más de 48 ºC pierde las enzimas. Por tanto, un plato de verdura cocida, por muy apetitoso que sea, no contiene enzimas. De ahí la importancia de introducir vegetales crudos en la dieta: frutas, ensaladas, jugos y licuados… Los licuados son especialmente ricos en enzimas, pues además, al romperse las fibras de celulosa los nutrientes son liberados en el jugo y el cuerpo los asimila de inmediato. Por eso se dice que una terapia de jugos es una super-alimentación. Especialmente es aconsejable en verano y en los cambios de estación.

Alimentos ricos en enzimas son todas las frutas y verduras, los cereales integrales, las legumbres, las semillas oleaginosas y los fermentados como el chucrut. Frutas como la piña y la papaya son especialmente ricas en enzimas que ayudan a la digestión. Un alimento que contiene muchísimas enzimas de calidad es el huevo, siempre que se consuma crudo y de una manera razonable. Por ejemplo, se puede batir y hacer una salsita con verduras. También se puede escaldar, cuajando la clara y dejando cruda la yema.

La enzima prodigiosa

El doctor Hiromi Shinya, autor de los libros La enzima prodigiosa y La enzima rejuvenecedora, explica su experiencia como médico gastroenterólogo y resalta la importancia de una dieta que potencie la producción de enzimas. Estos son algunos de sus consejos:

  • Adopta una dieta con esta proporción: 85 % de alimentos de origen vegetal (muchos cereales integrales, legumbres, verduras, frutas con moderación) y un 15 % de origen animal (básicamente pescado pequeño y huevo).
  • Evita los lácteos, carnes rojas, carbohidratos refinados y grasas trans.
  • Incorpora más crudos ―frutas, verduras, fermentados― y cereales integrales con legumbres y semillas.
  • Cena ligero, si puede ser, entre 3 y 5 horas antes de dormir. Si puedes acostarte con el estómago vacío, mucho mejor. Si tienes hambre toma unas frutas una hora antes de dormir.
  • Bebe abundante agua filtrada, no del grifo.

Este médico es considerado una autoridad en la endoscopia gastrointestinal, incluso inventó un sistema exploratorio que es el que se utiliza actualmente. Trabaja en USA y en Japón, donde es el médico de la familia imperial japonesa. Sus libros son amenos, pedagógicos y están basados en su amplísima experiencia. Tiene más de setenta años y una vitalidad asombrosa que él atribuye a sus hábitos de vida sana y a una alimentación tal como la describe en sus libros. En más de treinta años no ha conocido enfermedad alguna. ¡Vale la pena leerlo!

Ojos y enzimas

Di con los libros de Hiromi Shinya y me empecé a interesar por las enzimas cuando supe del papel tan importante que tienen en la regeneración de los tejidos. Las enzimas también tienen que ver con el proceso de la visión. Por ejemplo, hay dos enzimas distintas y muy concretas que regulan la manera en que las células de la retina recogen la luz y la transforman en señales que se envían al cerebro. Los fotorreceptores de la retina ―las células llamadas conos y bastones― segregan unas enzimas que se unen con otras moléculas mensajeras, generando un flujo de información hacia el cerebro. 

En este enlace podéis leer más sobre el tema.
  
Sabiendo que las enzimas se gastan y que son imprescindibles para todos estos delicados procesos, soy consciente de la importancia de una alimentación rica en estos nutrientes para conservar la visión y la salud.

domingo, 8 de junio de 2014

¿Se pueden regenerar los tejidos?

Cuando comencé a saber más a fondo lo que ocurría en el interior de mi ojo el gran interrogante que surgió fue: ¿se puede regenerar un tejido deteriorado? Es decir, un tejido que ha sido quemado por el láser, que ha sufrido una inflamación, en el que han proliferado vasos sanguíneos, con una fibrosis… En teoría, se pueden reducir los efectos de estos traumas, pero el tejido está dañado. Hablamos de tejido retiniano, que es similar al tejido cerebral, sumamente delicado y sensible. La retina es llamada “la ventana del cerebro”. ¿Es posible regenerarla una vez ha sufrido estos daños?

La ciencia avanza y la regeneración de tejidos es un desafío para muchos investigadores. Así que he buscado por Internet y he encontrado una interesante noticia. Muy cerca de donde vivo, en el Centro de Regulación Genómica de Barcelona, en la misma Vila Olímpica, hay un equipo de científicos que están trabajando justamente en esto: la regeneración del tejido retiniano.

Al frente de la investigación está la doctora Pia Cosma. Su equipo, en los últimos años, ha experimentado con ratones y ha descubierto que con células madre inyectadas en el ojo se pueden reprogramar las neuronas de la retina y estas pueden ordenar una reparación del tejido. Esto se produce mediante un mecanismo llamado fusión celular. Os invito a leer este enlace para saber más. Y aquí tenéis un vídeo interesante sobre el tema.

Este hallazgo abre una puerta esperanzadora para muchos pacientes que tenemos degeneración macular o retinopatías. Pero, como todo, hay que esperar unos años a que los experimentos se realicen con personas y se vean los resultados y la eficacia del tratamiento.

Mientras tanto, hay que seguir cuidando la vista con buenos hábitos de vida.

Desde que inicié esta mejoría, siendo muy consciente de mi alimentación y tomando complementos de soporte, como la homeopatía espagírica y otros suplementos alimentarios, han ocurrido cambios muy favorables.

La semana pasada tuve visita con mi oftalmólogo, el doctor Vivar. Me examinó y cuando vimos proyectada la fotografía de mi ojo en la pantalla de su ordenador, comprobamos que efectivamente había una parte de mi retina bastante dañada. Pero él me dijo: Si yo enseñara esta fotografía en un congreso médico y preguntara qué visión creen que tiene el paciente, mis colegas responderían sin dudar que un 10 %. Como mucho, aventurarían hasta un 40 %. Pero la realidad es que, a pesar de que la retina es frágil, mi visión actual es de un 80 %.

¿Qué significa esto? Primero, que las máquinas no siempre reflejan la realidad. Y segundo, que la toma de conciencia y el deseo de sanación, junto con una disciplina constante en alimentación y toma de suplementos, pueden hacer maravillas. El doctor decía que era como un milagro.

¿Realmente es un milagro? Detrás de esto hay un gran esfuerzo: la profesionalidad del médico y su empeño creativo por mejorar mi visión, y el mío como paciente activo para salir adelante. Quizás este sea el verdadero secreto.

domingo, 1 de junio de 2014

¿Es tan malo el colesterol?

Cuando hace siete años inicié mi proceso hacia la curación, yo era la típica persona con tensión arterial alta, estrés, sobrepeso y un colesterol “por las nubes”. Es una tendencia familiar, cierto. Pero mis hábitos de vida dispararon los niveles.

Siempre creí, como la mayoría de personas, que el colesterol es un factor de riesgo elevado de padecer trastornos cardiovasculares. Pero nunca fui consciente del todo hasta que no tuve el trombo venoso. Ahora bien, ¿fue esto ocasionado por el colesterol? En realidad hubo una confluencia de factores, y quizás el más importante no fue este. Hoy quiero compartir con vosotros lo que he aprendido del colesterol.

Qué es

Es una grasa y, de entrada, debemos saber que es imprescindible para la vida. Tenemos colesterol en nuestro cerebro, en las membranas de todas nuestras células, en la sangre. Es un componente de varias hormonas y tejidos. ¡Lo necesitamos para vivir! Ahora bien, es una grasa que nuestro cuerpo sintetiza en el hígado, por tanto, no es necesario ingerirlo con la comida en grandes cantidades. Y ¿qué ocurre? Que nuestra alimentación occidental incluye demasiadas grasas saturadas y mucho colesterol. También los azúcares refinados y el alcohol pueden terminar convirtiéndose en colesterol dentro de nuestro cuerpo. Como todo, el exceso es perjudicial.

El colesterol se suele dividir en dos categorías, el “bueno”, o de alta densidad (HDL por sus siglas en inglés) y el “malo” o de baja densidad (LDL). En realidad, estos dos compuestos no son colesterol, sino unas proteínas que lo transportan. Cuando van del hígado a los tejidos, son las LDL. Lo que hacen es llevar el colesterol allí donde hace falta. Las proteínas HDL son las que llevan el colesterol sobrante al hígado para ser eliminado. Pero, ¿qué ocurre cuando hay tanto colesterol que el hígado no da abasto para procesarlo? Pues que las LDL lo vuelven a llevar a los tejidos, y lo van depositando allí donde pueden y donde la grasa molesta menos. Por ejemplo, en las paredes de los vasos sanguíneos. Hasta que se forman unas placas o ateromas que van obstruyendo el paso de la sangre y pueden llegar a bloquearlo. Entonces se producen los trombos, ictus, embolias y otros accidentes vasculares.

Como el colesterol se forma en el cuerpo, la solución natural es ingerir pocas grasas que lo contengan, las mínimas posibles, es decir: grasas saturadas, hidrogenadas y de origen animal. No hay peligro en tener carencias de colesterol. Tomando aceites vegetales buenos, semillas y pescado azul ya tenemos las grasas beneficiosas que necesitamos.

Los fármacos anti-colesterol ¿son realmente necesarios?

De entrada, os diré lo que me comentó el cardiólogo en mi última visita. “No te obsesiones con el colesterol. Cada año bajan los valores orientativos para dar más negocio a las farmacéuticas.” Hay límites que son altos, pero no tan graves como otros factores, como la hipertensión. Con una buena dieta, ejercicio y control del estrés es suficiente.

El caso es que cuando uno tiene el colesterol alto de inmediato se le mete miedo y se le recetan las conocidas estatinas. Es más, se le suele decir: tendrás que tomar esto de por vida. ¿Sabéis que las estatinas son los medicamentos más vendidos del mundo? ¿Y que sólo en España generan un negocio anual de casi 900 millones de euros? ¿Y que cada vez que los médicos deciden bajar el límite “normal” de colesterol están incorporando al negocio millones de pacientes-consumidores?

El colesterol es un negocio millonario. Tengámoslo en cuenta. Muchos médicos así lo admiten y tienen la honradez de explicarlo. Como por ejemplo el Dr. Juan Gervás en su libro Sano y Salvo, donde denuncia el mito del colesterol y los abusos que se cometen desde el mundo sanitario y farmacéutico.

¿Qué ocurre con las estatinas? Que tienen efectos secundarios, en algunos casos muy graves. El más conocido es que daña las fibras musculares. Lo menos que puede producir es dolor, lo peor ha sido que en algunos casos ha provocado la muerte del paciente por destrucción de músculos y fallo renal al intentar eliminarse las proteínas descompuestas que intoxican la sangre. Por este motivo han sido retirados algunos de los fármacos anti-colesterol más potentes.

Alternativas naturales

Como dice el Dr. Gervás, el mejor antídoto es abrazar la vida con pasión, seguir una dieta mediterránea, hacer ejercicio, amar a los tuyos, no obsesionarse y olvidarse de los análisis y el control exagerado. Si uno lleva una vida sana y con alegría, es muy difícil que el colesterol sea un problema. Como señala este médico, en personas saludables que no han tenido accidentes cardiovasculares previos ni otras enfermedades la medicación anti-colesterol no solo es inútil, sino perjudicial. En estos casos, el supuesto remedio es peor que la enfermedad.

Ahora bien, si uno tiene tendencia a tener colesterol alto, o quiere bajarlo, hay muchos remedios y ayudas naturales eficaces y sin riesgos.

Hay alimentos deliciosos que ayudan a regular el colesterol: el ajo, la cebolla y el limón se llevan la palma. Pero también la manzana, la alcachofa, los frutos secos, el pescado azul, el lino, los cítricos, la remolacha y, en general, todas las verduras y hortalizas.

El arroz rojo es otro alimento que podemos incorporar a nuestra dieta. De este arroz se obtiene una levadura que tiene un efecto similar a las estatinas pero sin contraindicaciones. Hay numerosos suplementos en cápsulas que lo contienen. Yo he tomado algunos y me han ido bien, lo he comprobado con mis análisis de sangre.

Otras plantas medicinales que ayudan son las que activan la función hepática: alcachofera, cardo mariano, rábano, malva, zaragatona. Como especias y condimentos, la cúrcuma y la canela.
  
Finalmente, el estrés es un factor que dispara el colesterol. Por mucho que te cuides, si no cuidas también esta parte de tu vida: las emociones, tu actitud, cómo afrontas el trabajo diario… tu hígado se saturará y generará más colesterol de la cuenta.

¿Qué tiene que ver el colesterol con la vista?

Un estudio reciente de la universidad de Málaga parece que ha probado que niveles altos de colesterol reducen la capacidad visual cromática, es decir, la intensidad con que vemos los colores. Además, el colesterol elevado daña el córtex visual, la zona del cerebro donde se genera la vista. En este enlace podréis leer más información.

Como siempre, lo que afecta a todo el cuerpo afecta también a nuestros ojos. Y, en este caso, la vista nos alerta. Si los colores se apagan y la visión se va volviendo borrosa, ¡ojo al dato!